El Terror del Silver Roll

Arriba: Foto de mi hermana Aminta y yo Cobert circa 1942.
Medio: Aminta Meléndez y su padre, Don Porfírio Meléndez circa 1904.
Abajo: El busto de Doña Aminta Melendez (anciana) instalado en el Parquede
la Avenida Central en Colón, Rep. de Panamá.

Después de esos sucesos notorios causados por el Incendio de Colón del 1940, nuestra familia los Green, vuelve a su vida normal junto a sus retoños quienes parecían los primeros brotes de la segunda generación, mi hermana Aminta y yo, el Cobert Júnior, o Juni, como solían abreviar los nombres haciendo sobrenombre del nombre de mi padre. Mi hermana, Aminta, un año menor que yo, había sido nombrada por mi madre con el nombre de la notable figura histórica, Aminta Meléndez, hija de un importante personaje colonense y, aunque la menos mencionada de los dos, una de las destacadas revolucionarias de la Independencia en relatos sobre la corta historia revolucionaria de nuestra República.

Aminta Meléndez (1886-1979) fue personaje clave en la independencia de la República de Panamá durante la Revolución del 1903, aquella que provocaría la separación de lo que fuera el Departamento de Panamá de su unión con Colombia. La historia relata que en 1903, la niña Doña Aminta iba a estar cumpliendo sus 18 años de edad cuando su padre, Don Porfírio Meléndez, jefe de la Junta Revolucionaria de Colón en esos momentos extremadamente peligrosos de la historia de Panamá, envía a su hija a Panamá en una importante misión.

Así fue que viajando a solas en un tren de carga de Colón a Panamá ella lleva una carta secreta escrita por su padre en la cual le solicita a los militares estadounidenses que intervengan para impedir que el ejército colombiano invadiera a Panamá y asumieran control del país. La solicitud se le concede a la joven Aminta al lograr su importante misión, que lo hizo sin parpadear y sin estremecerse de temor levantando sospecha alguna. A partir de ese momento Aminta Meléndez se convierte en una de las figuras revolucionarias más importantes aunque casi olvidada en los anales de la historia Panameña.

Nuestra historia, sin embargo, continuaría con la pequeña Aminta Reid y yo el único varón heredero reanudando nuestro lugar en una de las primeras familias del Silver Roll de esos que se habían habituado a la vida de dual identidad en el país de Panamá de sus tiempos. Apegados como estuvo nuestras gentes Silver a la Zona del Canal de Estadounidense desde mi perspectiva, que incluso tan a tardía, como fue la fecha del año en que había escrito esa primera historia sobre mis experiencias con mi familiares en Colón, que los de nuestras gentes Silver parecían estar inconscientes de que ambos países, los Estados Unidos y Panamá, habían estado actuando como si fuésemos elencos recíprocas y supérfluas, grupo de personas tan sólo reconocibles siempre y cuando que fuésemos útiles.

Entre tanto, esos primeros años de vida con nuestros abuelos maternos sería la primera etapa en un despertar para mi de la situación arriba descrita. Iba a ser lo que iba a identificar como los momentos en que fueron el despertar de mi alma o espíritu, y además producir en mi un breve sabor de la vida urbana, en lo que después llegaría a identificar a Colón como parte del interior del país de nuestro Panamá. Además sería lo que vendría yo a identificar como momentos en que tomaba yo conciencia de mi alma o espíritu, y que para mi, un niño panameño llamado Cobert y Júnior, iba a aparecer con conciencia viva de inconformidad.

Tiempos eran además en que historiadores todavía vislumbraban a nuestra gente Silver Roll y a su Panamá como todavía estar saliendo de momentos de esas historias esclavistas, y en que el uno emergía de agonías de una esclavitud humana mundial, y el otro de un colonialismo Español, de igual calaña cruel una Latinoamericano, para estar sintiendo los talones del colonialismo norteamericano. En cambio esos fueron los momentos en la experiencia de un Panamá saliente de una agonía para estar sintiendo un norte americanismo que le causaba confusión y de la cual no estuvo todavía preparada para bien o para mal.

Esos años de las décadas de 1930 y 1940 fueron años en que el poderío Estadounidenses consideraba suya esa población creciente de negros Westindian, que para ellos eran meros peones para ser por ellos utilizados, explotados. En realidad éramos aquellos quienes se habían encontrado en un mundo en que los juegos políticos locales o mundiales eran de total dominación y que además en que las planificaciones sociopolíticas era de planificar con cálculos megas grandes.Hubieron momentos en que el pueblo Silver necesitaba permanecer tan invisible como fuera posible.

Sin embargo, éramos los Negros más visibles en todo el país debido a que nuestros haberes con la Zona del Canal tuvimos obligados en muchas ocasiones a residir bajo la jurisdicción del Gobierno Panameño. Aun residiendo á al otro lado de las valladas que separaban la zona del canal Estadounidenses de nuestro Panamá, sin embargo, vivíamos iguales a los que estuvieron “privilegios” de vivir allá, cantábamos las mismas canciones en las mismas melodías y celebrábamos las mismas fiestas estadounidenses que esos negros de la zona del canal negra.

Siempre cuando escribo sobre mis temores de infancia me recuerdo de “todas las ocasiones en que había visitado el Clubhouse Silver y sentía ese temor de que alguna vez nos encontraramos cara a cara con el malvado “Gumshoe” del que mis tías siempre estuvieron hablando. De hecho, cada vez que mis jóvenes tías o que mi abuelo mencionaran ‘el hombre blanco‘, pensaba que eso de nunca haber realmente visto una de esas personas a quienes podía yo identificar o confundir por un ‘Gumshoe‘ al visitar la tienda del comisariato Silver.

Serían muchos años después que llegaría yo a entender que el misterioso ‘Gumshoe‘ era el detective del almacene que llamábamos “comisariato,” señores detectives empleados para velar contra las infracciones del contrabando. Eran señores de la raza blanca gringa que fueron empleados para obtener información sobre los empleados Silver Roll y sus actividades delictivas.

Al pensarlo bien ahora, cada vez que tuvimos que pasar por los hogares de las gentes gringas blancas durantes nuestro camino regreso a casa después de comprar en la Zona, yo notaba los juguetes de niños tirados en el césped delante de sus hogares, aunque nunca veía niño blanco alguno. Para mi en esos tiempos de mi niñez permanecía esa mística que rodeaba esas gentes gringas, mística que iba a permanecer siendo un fantasmal mal, presencia que temer aunque no se dejaban ver.

Lo que eventualmente iba a ser para mí un hecho, de que era inevitable que algunos de esos juguetes de esos niños blancos harían su llegada a las áreas pavimentadas que eran pasarelas que deberíamos cruzar. Así, fue que un buen día, cuando mi tía Minnie y yo estuvimos volviendo a casa después de háber hecho las compras, yo recogí un juguete que era bus, hecho de plomo; que era una réplica en miniatura, realmente agradable de un autobús escolar, tipo americano.

El juguete estuvo ciertamente en mi camino cuando cruzábamos la vereda por lo que lo recogí y lo estuve examinando, disfrutando de la pesadez del juguete que era pequeño, pero con la sensación de ser pesado en mis pequeñas manos.La tía Minnie, sin embargo, quien había notado lo que había hecho, jalò de mis brazos tan bruscamente que el furor me asusta, mientras le decía, “¡Ellos no lo desean!” Como medio quejándome del jalón. Ella contestó bruscamente, “¡Cállate y vente!” Mientras continuamos apresuradamente nuestro camino a casa.

En todo el camino a casa estuve absolutamente intrigado por el pequeño juguete autobús escolar, y llegue en esos momentos a estar consciente de que, aparte del juguete del colorido ábaco, que el peluquero japonés de Colón me había regalado, como recompensa por portarme bien durantes mi primer corte de pelo, no había tenido ningún otro juguete.

Ese pequeño autobús escolar de plomo se iba a convertir en el segundo juguete de mi propiedad en toda mi vida y lo había consumido toda mi atención.Ese incidente, sin embargo, me había impresionado por la reacción general de pánico y temor de mi joven tía, e igual notaria que sería con la mayoría de las personas Silver, en su reaccionar con cualquier asunto relacionado con los de esas “personas blancas.”

Esta historia continuará.

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