Una Rebatiña Por la Seguridad

Mi viejo cuaderno Balboa.


Después de los acontecimientos descritos de la semana anterior, nuevamente me había encontrado en el aula de clases, era aula del sexto grado y último año de la educación primaria. Tan agotador había sido aquello de estar recaudando fondos que sufragaran los gastos de la feria y ese grandioso baile del viernes anterior en que habíamos bailado toda la noche como pareja que, para mí, el aula se había convertido en un lugar en que llegaría yo a comandar un aire de respeto y en esa ahora atención pasiva de mis compañeros de clases.

Como era costumbre conmigo yo disfrutaba enormemente aquel espacio protegido y aislado, en que estuve todo el año recorriendo con confianza novelesca las montañosas áreas de España. Fue cabalmente luego de estar leyendo aquello desde los comienzos de las clases ese mismo año. En esas horas estuve fingiendo estar más interesado en estar leyendo que estar pensando en la bella niña Albina, mi pareja quien estuvo sentada en la parte de trasera del aula, con quien había yo bailado toda una noche de encantos. Entre tanto estuve ignorando a la mayoría de los compañeros ese día como lo acostumbraba estar haciendo.

De pronto pensé en el sepelio que le habían dado a mi querida y vieja amiga, la difunta Polly. De repente ese sentir de haber sido privado de esa oportunidad de asistir para dar el último adiós a esa quien era mi querida amiga. “¡Engañado, al menos, seria!” Me decía iracundo, pensativo y diciendo me, “ Por estar creyendo que ibas a estar allí con ella.” Eso me decía nuevamente, teniendo que conformarme con el haberme quedado totalmente afuera de esa actividad que me hiciera conocer en donde habían enterrado a Polly. Pensé en esa abuela mía y me decía, “!Fanny Reid, mi querida abuela Mamí tiene la culpa!” Recordando que ella había sido la que había orquestrado todo lo que ahora era mi pena.

Sin embargo, sabía que en esos momentos de mi vida yo era siempre un chico muy obediente. Conformándome estuve pensando sobre mi abuela me estuvo protegiendo emocional mente. Después llegue a estar pensado que ella pensaria que era mejor que yo no pasar por ese trauma de estar al lado de la tumba de mi querida Polly, de esa quien era simplemente una vieja sirvienta de las gringas de la Zona del Canal.

Esa mañana me mantuve pensativo sobre todas las cosas que me habían estado ocurriendo en ese barrio de Calidonia, aquel viejo vecindario en que habían mis familiares pasado toda sus vidas. Todo aquello de mi etnia Westindian Panameña. Sin embargo, yo, por fin, estaba listo para graduarme de la escuela primaria.

Esa aula de clases me parecía estarse achicando, y a la vez noté que yo estaba calladamente llorando en silencio. Las lágrimas se me caían y parecían estarse secando antes de que pudiera yo llegar a empezar a estar resintiéndome totalmente, sobre el hecho de que me habían hecho un gran mal, primeramente privándome de haberme graduado antes y que estuve lloraran la partida final. Tanto como igual al estarle dando el último adiós a mi querida amiga la anciana Polly. Después de depositar el libro en el escritorio agachaba la cabeza para que mis compañeros no me vieran llorar.

De hecho, había automáticamente terminado de leer esa novela en esa misma hora, y me puse pensativo sobre aquello de que había llegado a estar hasta mas avanzado educacionalmente que los otros de mi grado ese año. Entonces empecé a escribir, allí mismo en la clase por primera vez ese año, obviando el ruidoso salón de clases. Además estuve utilizando uno de los clásicos cuadernos Balboa que eran manufacturados en Panamá, unas de esas cosas hechas en el Panamá de mis tiempos, y me decía que era eso unos de nuestros únicos accesorio escolares, de esos que anudarían en la educación de todo los jóvenes estudiantes de mi época.

En efecto pareciera que era así en realidad, que para todos nosotros jóvenes de esos tiempos, así que por todos los años de nuestra educación primaria aquel cuaderno se usaba, y era tan solo el único cuaderno. Además se podía comprar en todas las tienda de conveniencia de cualquier vecindario en esos entonces y cuyos dueños eran de la raza China, aun en cualquiera de los barrios aledaños era igual lo mismo.

Escribía aunque distraído de vez en cuando por el cuaderno, era algo que siempre admiraba y a la vez estudiaba, tanto las tablas de multiplicar como las letras del himno nacional. Ese Cuaderno Balboa era el que me ayudaba a recordar a ese tío, quien llegaba a hacerme repetir las tablas de multiplicar, todas, desde el dos al doceavo, sin fallar en una. El misterio para mì fue que no había usado ese cuaderno que recuerde, desde el Cuarto Grado en 1946, cuando había escrito notas que iba a estar usando para mi “composición sobre el Libertador de Amé ricas ese Simón Bolívar.” Entre tanto esas horas de mi vida eran meses finales del año de 1950 y había yo bailado con una dama toda la noche.

Mientras tanto ese cuaderno fue elemento no tan importante por tener yo una buena memoria. Era portátil y casi impermeable a las muchas lluvias que caían en Panamá. Realmente marcaba hito en avances historicos de la educación primaria y secundaria, me imaginaba en todo el país de Panamá, y podia ser desde el comienzo de la época republicana en 1903. Ese cuaderno fue para mí siempre el que no cambiaba hasta el dia de hoy, sigue teniendo que mostrar, una tabla de multiplicar en la parte interior de la portada. Luego al examinarla se podía contar con las letras del Himno Nacional de Panamá, en la contra portada exterior, y cubría de frente un diseño negro y blanco en donde aparecía la palabra Balboa. Aunque es notorio notar que todos los que fueron educados en aquellos tiempos conocían muy bien ese cuadernillo Balboa.

Entre tanto a esas horas me sorprendía descubrir que en ese cuaderno no había yo dibujado o escrito cosa alguna absolutamente. Luego de estar pasando las paginas rápidamente sin poder encontrar absolutamente nada escrito, entre las páginas con sus líneas anchas y amplia, trazadas en todas las paginas del cuaderno, encontre que estuvo muy bien conservado durante mucho tiempo. Comencé por estar anotando lo que se me antojaba y lo que se me venia en mente. Viendo que ese cuaderno había sido mi manera de asegurarme de estar en busca de esa seguridad emocional que necesitaba. Era modo de poder superar esos tiempos de profundos sentimientos de estar siempre aburrido, y en ocasiónes en vez de estar enmascarando la soledad me puse a escribir.

Mientras tanto empecé a escribir lo que acordaba, primeramente de alguna cosa que algunos de mis familiares habían comentado o dicho sobre mi persona, algo de mi vida o sobre mis padres. Refiriéndome al año en que había yo nacido.

Luego observaba como las paginas una vez en blanco se llenaban de mis escritos, y calculaba que iba a estar escribiendo algo que fuese solamente sacadas de mis intuiciones. Escribía sobre uno tras otras de esos eventos que parecían estar archivados en mi alma, cosas que habían ocurrido creo, y que estuvieron en mi memoria desde antes que naciera entre esos años de 1935 al 1940. En ocaciones todo me parecía ser cosas que inventaba, entre tanto eran cosas al parecer había yo soñado o escuchado y otras que si escuche, como otras de las que nadie en la familia comentaba, sobre esas cosas que marcaron hondamente mi vida, mucho antes del gran incendio de Colón.

Sobre ese Gran incendio de Colón que había marcado pauta en mi niñez, era algo que continuaban siendo parte de mi vida, aunque estuve seguro de haber visto los inicios de ese gran fuego. Fue conflagración que de hecho, eran en los años en que habían sido para mi los mas claros de los tiempos mas tempranos de mi recordar. Además siempre habían sido esos entre los mejores tiempos de toda mi temprana infancia, incluyendo hasta esos momentos de mi vida de adolecente graduando de escuela primaria.

Momentos eran cuando recordaba escribir. “¡Fire” o “Faya, Fuego!” Así en el Westindian de mi etnia, como para hacer las palabras revivir, una especie de maneras de hacerme recordar esos años que realmente marcaron una vida de niñez y de un niño abandonado después. Eran esos años antes de que nos encontráramos toda la familia en Panamá, y que alguien había gritado, “¡Fuego! ¡Faya!” En Español y en Ingles y que fueron alarmas que hicieron que mis jóvenes tías, y la mayoría de las gentes de una ciudad como era Colón, se pusiera en marcha por salvar sus vidas.

“La familia Green de Colón”, escribí entre estar meditando como iba a escribir que me acordaba de unas de mis tías, quienes decían con urgencia. “¿En dónde está Juni?” Gritando a toda voz muy ahitada buscándome. Entonces escribía en Español y las palabras se vertían desde mi lápiz, cuando escribía aquello, relatando cómo ellas estuvieron en busca de ese niño que las hacia tías y su único sobrino quien era yo en esos entonces.

Ellas en cambio llamaban desesperadamente y recuerdo que estaba como encantado con lo que veía, maravillado con esa escena cautivadora. Y era que estuve observando creyendo que reconocía algo que yo describía mentalmente como un arco iris, y después otro aparecía y otro, que cruzaban extrañamente de un edificio al otro. Luego iba yo a aprender que donde yo estuve estuvo, como niño de un poco mas de los tres años de edad sentado, era en la esquina del lado de la Calle Tercera que colindaba con la Calle Meléndez en la Ciudad de Colón.

Entre tanto mis jóvenes tías llamaban vociferando frenéticamente casi en pánico, más fuertes y más fuerte llamaban. Era que lo mismo hacían la mayoría de las otras personas, quienes estuvieron en busca de cualquiera de sus cosas de valor que sacar y las cuales podrían salvar, antes de que el incendio atrapara todo el edificio.

Mientras tanto que rápidamente escribía esos sucesos, recuerdo ser uno que pareciese desesperado a escribir antes de que olvidara, también apresurado antes de que algo importante se le olvidara. Eran minutos en que me acordaba de la voz de mi madre, esa voz tan inconfundible quien todavía permanecía de mi vida pasada, la cual todavía me tocaba recordar que ella rara vez estuvo en casa con la familia aun en esos entonces. Luego me recordé de algo que ella había estado gritando que me pareció una orden de una generala, pero a sus hermanas a quienes ella dirigía les decía con urgencia, “¡Bajen la máquina de coser!”

Esta historia continúa.

3 responses to “Una Rebatiña Por la Seguridad

  1. Hola!disculpa que mi pregunta no tenga absolutamente nada que ver con tu texto, lo que me interesaba era saber el nombre de ese tipo o modelo de cuaderno que tenes en la imagen que se muestra me sacas una duda que tenia hace tiempo, yo soy de Argentina y no los venden por aca, por eso te pedia el nombre o como los podria llegar buscar mejor asi veia la manera de conseguirlo GRACIAS!

  2. Rute,

    De cierto modo tu pregunta sí tiene relevancia con la historia que aquí cuento.

    Ese diseño de cuaderno estaba basado en un diseño Yankee y fue utilizado por un tiempo cuando yo estaba en la primaria. Ultimamente, sin embargo, lo he buscado localmente en Panamá en los almacenes entre las diferentes marcas de cuadernos (Balboa incluido) pero no lo he encontrado. Ese diseño clásico solo lo he visto en los Estados Unidos.
    Lo más cercano a ese estilo lo puedes ver aquí en las tiendas Target.

    RR