La Vida Urbana No Parece Mejorar el Problema de la Vivienda

En esta antigua imagen podemos apreciar
la entrada al Comisariato “Silver” en la
Zona. Imagen gracias a afropanavisions.com

La foto resalta las condiciones deplorables
en que vivían los del Silver Roll en medio de
la gran urbe en Ciudad Panamá en Calidonia.

Estas deplorables condiciones de vida para los de la comunidad Westindian en la Zona del Canal, explicaría el estudio, darían lugar a una serie de problemas debido a la disminución en la moral y la eficiencia del grupo, como el desmejoramiento de la salud y la exposición a enfermedades contagiosas.

Tras las revelaciones de las conclusiones de esos estudios la vivienda en la zona norteamericana se convertiría en tema de exámenes minuciosos, incluso hasta cuando las unidades de viviendas estuvieron bastante limitadas por las restricciones de los tratados. Llega a tal punto que a solamente una pequeña porción de los empleados se les haría acceder a vivienda alguna.

Con el paso del tiempo el Congreso de los Estados Unidos mostraría un creciente interés en mejorar la oferta habitacional de los del Silver Roll y, gradualmente, comienza a asignar fondos para mejorar las condiciones de las viviendas en la Zona del Canal Negra. Al mismo tiempo, y de acuerdo con las condiciones del reciente tratado con Panamá, se modifica el número de empleados Silver autorizados para vivir en la zona, mostrando una brusca caída en solicitudes. Además, el codiciado “privilegio” de poder comprar en los Comisariatos Silver de la zona, concesión muy codiciada tradicionalmente, sería otorgado único y exclusivamente a aquellos empleados y sus familiares que realmente estaban autorizados a vivir en las viviendas de la Zona del Canal Negra.

El Gobernador de la Zona del Canal de Panamá David Parker, reporta ante un Comité del Congreso de los Estados Unidos, y expresa que los privilegios de viviendas en la Zona Silver Roll, representaba un “bono adicional” de $ 2,000 para cada trabajador individualmente entre los que estuvieran beneficiados por vivir allá. En cambio lo que el gobernador no menciona, sin embargo, fue que esas familias pagaban alquiler en esas unidades de vivienda, y que además experimentaban muchas alzas en los alquileres a lo largo de sus relaciones con funcionarios de vivienda de esa zona del canal.

Por otra parte, la situación socio/económica en las ciudades urbanas terminales de Panamá y Colón, en las áreas habitadas principalmente por gentes de la etnia Westindians, se convirtieron en focos de insalubridad y hacinamiento. En un específico estudio de un cuadrante de diecisiete bloques de una área estudiada en 1946, el Banco de Urbanización y Rehabilitación, ordenada por el Gobierno de Panamá en septiembre de 1945, sus estudios hicieron muy evidente que, de las 4,600 unidades de vivienda de esa área en particular, el 86% eran de unidades habitacionales de un solo cuarto.

Además hasta incluso, el lenguaje cotidiano de la gente de la etnia Silver iba a estar reflejándose en estas adaptaciones urbanas, tan dolorosas y penosas a ser parte de su incómoda realidad de vivienda. A lo largo de mi infancia, habría yo de escuchar miembros de mi familia y vecinos hablar en términos del cuarto o de los “dos cuartos” de alquiler. Eran tiempos en que nunca se hablaba de un apartamento o de tener una casa entera, y además esas habitaciones a menudo cadecían de áreas privadas o de instalaciones privadas sanitarias o de cocinas apartadas. Las familias que tenían varios niños tenían que bastarse con un baño compartido entre varias familas y con áreas de diminutas e improvisadas “cocinas,” usualmente en las afueras de la vivienda como en los balcones, usualmente en frente de las entradas a sus hogares.

Además, estas áreas dedicadas a la lavandería también eran áreas comunales, a menudo ubicadas en la planta baja de los edificios en el área conocido como el “patio.” Equipadas con uno o varios grifos de agua junto a sus correspondientes lavaderos estas áreas, además, fungían como área social que eran compartidas por todos los vecinos. En muchos casos estas áreas servían como la única fuente de agua potable para familias enteras. Estos lugares eran primordialmente usados por las mujeres y colgaban su ropa en los alambrados comunales apoyados por largas y fuertes varas dejándola secar al sol tropical resplandeciente.

A pesar de las dificultades, sin embargo, las familias de la etnia Westindian generalmente lograban mantener los establos de ducharse que llamaban “cuartos de baño,” escrupulosamente limpios. Entre las amas de casa había un código no escrito de pulcritud para con la limpieza de los caños y las regaderas que la mayoría de ellas y sus hijos seguían fielmente ya que consideraban estos sitios de conexión humano lugares dignos de poder llevarse a cabo con decencia sus necesidades intimas.

Tales eran esos tiempos históricos que resultaron ser vida de escasez en viviendas inadecuadas para las gentes de la etnia Silver. Así que el trabajador Westindian, al verse limitado en esos grandes caserones de alquiler, se encontraría inmerso en miserables condiciones de vida. De hecho, le parecía que toda la raza estaba afectada negativamente por esas condiciones de vida, en esos los primeros barrios urbanos de Panamá. Eran tiempos históricos, sin embargo, en que todos pertenecíamos a la sociedad Panameña, siendo los hijos del Silver Roll esperanzados por cambios de actitud por parte del gobierno nacional.

Luego de muchos años y varias generaciones de esfuerzo frustrado en tratar de hacerle frente a tales condiciones- siempre en espera de algunos cambios en actitud del gobierno panameño- comienzan las grandes olas de migración de toda la etnia Westindian. Las primeras, generalmente, tomarían dos rumbos siendo la primera al exterior, a Estados Unidos. La otra sería a las áreas que se vuelven suburbios de las principales urbes de Panamá y Colón. Su principal motivo- poder poseer su propia y única vivienda familiar.

Siempre quedaría un número importante de nuestra etnia Silver Roll arraigada a los centros tradicionales de la Zona estadounidense del Canal de Panamá expuestos a las indignidades y limitaciones que todavía incluían el racismo y el clasismo. Además, quedaron muchas familias de nuestra etnia Silver que tuvieron que hacerle frente a los peligros del nuevo vivir en las urbes en condiciones deplorables sin seguridad personal. Pudiéramos añadir a estos grupos los que se rehusaban a inmigrar; esos quienes, después del traspaso de las “instalaciones” culturales de la zona del Canal Silver a manos panameñas, harían su hogar en las antiguas viviendas añadidas a la nueva historia urbana de Panamá.

Esta historia continuará.

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