Mi Predecesor- Mi Tío Eric

La entrada del Instituto Nacional de Panamá

En mis intentos de revivir los tiempos de las gentes de mi pueblo Silver les he proporcionado a mis lectores una visión desde lo alto de ese panorama que demostrara como era ser uno de la etnia Westindian en un país como Panamá.

Con el ánimo de poder demostrar la vida desde los muelles de la ciudad costera del lado Atlántico de un lugar que en esos tiempos le llamaron Aspinwall, cuando los banqueros Estadounidenses asumieron el poder en este país remanso, hasta los cavadores negros Jamaicanos quienes llegaron para comenzar las excavaciones del Canal Francés que ellos controlaban.

Luego proporcionaremos un vistazo a lo que era ser persona de raza negra y trabajar nuevamente con europeos, esta vez bajo el estandarte estadounidense de la segregación racial. Comenzando con la primera Escuela Inglesa Westindian, que se iba a convertir en tiempos en que la mayoría de las primeras escuelas privadas eran fundadas en el país de Panamá fueron escuelas Westindian.

En esta entrega, sin embargo, me gustaría presentarles otro vistazo de la educación secundaria desde el punto de vista de otros de los valientes de la juventud Westindian, quienes fueron tíos míos, como lo fueron Vicente Reid, uno de los hijos del mismo padre pero de diferente madre, y ese tío mío el joven Eric Reid, del ramal paternal cuyos pasos ansiaba seguir mientras crecía a esa edad de la adolescencia. Lo que en esos tiempos de mi vida no sabia fue que el joven Vicente Reid iba a morir ahogado en las peligrosas aguas del Mar Pacifico un 4 de julio 1936 y desaparecer unos meses después que yo hubiese aparecido en escena. Después que Eric también se iba a estar encontrando la muerte prematura un julio 9 de 1938, a la tierna edad de diecinueve años, y he creído siempre que ese tío mío fue quizás el más inteligente y perseverante de todos mis tíos que quedaron con vida.

Es a la memoria de Eric y sus ambiciones de llegar a convertirse en hombre de letras, estudioso del aprendizaje, quien estuvo allanando el camino para que incluso yo pudiese estar aspirando a convertirme en hombre educado, en la tierra de nuestro natalicio que es Panamá. En realidad lo que tampoco sabía en esos días de mi adolescencia, fue que ambos tíos fueron también alumnos brillantes en el Instituto Nacional de Panamá.

Sin embargo, intentaré dar un bosquejo de la educación superior, que era para casi todos nosotros los de épocas, en que la escuela secundaria fue considerada educación superior. Ademas que eran tiempos en que haber logrado graduarse de una institución de educación secundaria fue considerado todo un logro, para una época de la historia en que las infraestructuras de educación básica en todo el país, estuvo en su mayor parte ausenten el país llamado Panamá.

Nuestro Eric Reid nació en 1920 y fue próximo al sobre viviente hijo menor, de una camada de siete hijos vastagos de mis abuelos paternos. Como he mencionado antes, de esa poca la información que pude reunir sobre ese joven, fue extraído de mi abuela Fanny durantes reminiscencias que yo había iniciado y que la ponía a estar haciendo largos lamentos. Había ese joven fallecido cuando yo tenía tan sólo los dos años de edad. Entre tanto eran esos días en que mi abuela tenía el hábito de estar hablando a solas, y que tambien que pronto ella iba a estar descubriendo que ella tenía un oyente listo y attento quien era yo. Tuve que poner atención y escuchar para poder recordar lo que ella no estuvo explicando, sobre el tema de esas sus conversaciones en que ella conversaba con ella misma. Entre tanto muchas veces al estarla escuchando hablar acerca de su hijo difunto Eric, diciendo “si sólo él me hubiese escuchado a mi…”

Bueno como al encontrar que la única manera de hacer que ella conversara conmigo sobre esos temas, tan sensibles para ella, fue cuando yo empecé a presionarle para que ella me hablara y que me diera más información de lo que ella repetia. Así fue que empecé a presionarle y a preguntarle, poniéndo a pruebas su memoria, y era mientras ella hacia sus quehaceres caseras, entonces la vida de ese joven comenzaba a aclararse como en escenas teatrales para mí.

Era yo era niño que abrumara implacablemente a mi abuel, para que me contara sobre este tío mío, cuya muerte me pareció estar todavía causándole tanto dolor. Mientras tanto ella que continuaba sus relatos y su historia comenzaba a desplegarse en escenas vivas para mí. En realidad para mí esas sesiones de historia oral me presentaba una persona viva e imponente quien se daba a respetar. Eric para mí fue lo que podría llamar uno quien se iniciaba automáticamente; unas de esas personas quien nadie tenia que dirigir o incitar para que tomara iniciativa alguna, ya que siempre él estuvo un paso adelante en todas sus materias en la escuela y calladamente hacia sus otras actividades.

Eric fue el primero de los hijos de ambos lados de los ramales de mis familiares en llegar a terminar la escuela primaria, y también como su medio hermano mayor Vicente, entre todas las cosas de esa época histórica, serían también aceptados en el prestigioso Instituto Nacional de Panamá. En esa institución educativa que estuvo entre las más prestigiosa instituciones de enseñanza superior para varones en esos momentos de nuestra historia, cuando desde su fundación fuera en el año de 1907 estuvieron negandole entrada a los de nuestra etnia. Eran tiempos en que muy pocos varones de la etnia Westindian eran admitidos en el Instituto Nacional, y usted puede fácilmente créanme cuando les cuento, que como aspirante a una plaza tenía que ser excelente estudiante en primera instancia, casi un ente brillante si fuese de esa raza Westindian, para que se le admitiera a esa institución.

Yo lo podía visualizar a ese Eric Reid ser hombre mulato de piel de color amarillento como color acaramelado, con el pelo ondulado, muchacho buen parecido pero muy serio en todo los aspectos de su vivir. También fue probablemente el mejor parecido entre todos sus hermanos además de un impecable vestidor de las modas utilizadas en esos entonces. Se había por si mismo ganado una ruta de entrega a diario de periódicos, cual había èl desarrollado durante los años cuando estuvo en escuela primaria. Ademas que mantenía un armario vestidor bastante completo con zapatos nuevos, corbatas y sombreros de la época. Curiosamente, mi abuela mantuvo su armario con todas sus pertenencias intactas, como si estuvo esperando que él volvería de algún viaje en cualquier momento para ponerse a estarse vistiéndo. Entre tanto yo inspeccionaba a cada rato y muy a menudo esas sus ropas, al verlos estar colgando en ese armario en casa. Rara vez èl se me aparecía y yo lo encontraba con esa camisa expertamente almidonada, y con relucientes zapatos y su sombrero de paja muy elegante.

Me pareció en esos entonces de mi vida que el resto del dinero que ganaba entregando periódicos se lo entregaba a su madre, para aportar a satisfacer necesidades diarias de hogar de esa familia en que ya había el sido unos de los únicos proveedores, después de que su padre mi abuelo, Joshua, se habia encontrado con la muerte en el año de 1929. Usaba un vehículo para mantener su negocio de ruta papelera, que era una bicicleta que él mucho apreciaba como herramienta de trabajo. Fue algo en lo que se había encontrado estar ahorrando por mucho tiempo, y que muy pronto también usaba para participar como miembro del equipo de ciclismo, los cuales se reunían en el barrio de San Miguel de su vecindario y que eran jóvenes Westindian de la época.

Su rutina diaria, comenzaba antes de las primeras luces del sol, cuando Eric en sus primeros años de escuela secundaria había hecho del Instituto Nacional unos de sus atajos mientras viajaba a través de lo que fue la entrada oriental del cercado, en el sector Gold Roll de la vieja Zona del Canal. Cada mañana, después de completar su ronda de entregas a lo largo de las instalaciones militares de los Estados Unidos que eran Fort Clayton, después a la base aérea de Albrook y Howard, Eric hacia un precipitado viaje a casa en el barrio de Calidonia a dejar su bicicleta, luego a ducharse, vestirse y hacer la caminata para estar en clases a tiempo en el Instituto Nacional. Fueron esos momentos de la mañana en que los maestros de las Escuelas Inglesas Westindian, el Teaher Thomas y el Teacher Phillips, a ambos extremos de ese populoso barrio deCalidonia y Marañon también se estuvieron preparando para un nuevo día de clases.

Al mediodía Eric comería fuera en un restaurante chino cercano al Instituto Nacional, en donde por cincuenta centavos o menos, podía sentarse a una comida completa, ya que no había nadie en la casa, en esos entonces con quien reunirse a esas hora del almuerzo. Una vez terminado con sus clases del día se encaminaba a casa para estar trabajando en cualquiera de las tareas que podría estar pendiente por ser que su madre trabajaba en la planta Lavandería de Ancón, a corta distancia de donde vivan cerca de la Avenida Cuatro de julio. Había sido así para ese joven Institutor desde la muerte de su padre, dias en que Eric, así como sus hermanos y hermanas mayores que él, habían estado criándose a si mismos mientras su madre tambien laboraba.

A veces Eric, después de sus actividades de almuerzo, solía visitar los almacenes y, sobretodo, las librerías, que por cierto eran rarísimas en esos entonces, asi compraba libros, algo que era justificable por la escasez de bibliotecas y librerias en esos dias.

Esta historia continuará.

 

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