Las Primeras Escuelas Westindian en Panamá 2da Parte

Imagen gracias a morguefile.com


A lo largo de mis estudios universitarios en los Estados Unidos me encontré con recordatorios de que mis oportunidades educativas avanzadas fueron de hecho reivindicaciones por los maestros de mi etnia Westindian de Panamá, en especial fue así cuando notaba esa irreverencia a mis raíces Westindian Panameña entrar a ser cuestionada relativa a tomar parte de la diáspora africana del continente Americano. Sin embargo, evaluando el costo de mi carrera profesional a mi futuro insistí en creer que en el país de Panamá encontraría trazas escritas de estos profesores formidables que me ayudarían en mi búsqueda sobre la historia de mi etnia.

Después de años de haber practicado y probado métodos de la historia oral y también casualmente encontrándome reunido con contemporáneos, quienes de paso eran de raza negra hispano parlantes, nuestras conversas a menudo conducían a recordarme que aunque ellos eran de habla Español, también estuvieron sufriendo el mismo tipo de discriminación racial.

Aunque todavía nuestras experiencias como panameños de raza negra, en general, no era tan disimular cuando nos dimos cuenta de que eso del racismo estuvo todavía vivo y al parecer bien encajada en todas las facetas de la vida Panameña en esos tiempos de nuestro presente. Nos reuníamos frecuentemente para recordar nuestras relaciones con los Maestros y profesores de antaño. Los negros de habla castellana los encontraba haciendo reverencias a los maestros Westindian de los barrios casi tanto como yo lo hacía.

Me toco después, de hecho, estar inmortalizando a esos nuestros antiguos profesores y en especial a los que personalmente me sentía endeudado a ellos. Me veo obligado a hacer mención de estos Profesores Westindian quienes fielmente persistieron en mantener sus puertas abiertas a sus escuelas. Me pareció ser que eso fue formato que ellos adoptaron desde los principios del siglo XX hasta la década de los años que comenzaran con el año de 1960, cuando la mayoría de nosotros de los de la segunda y tercera generaciones de jóvenes Westindian habían partido y dejado a su Panamá atrás.

Aún así, a pesar de los cambios demográficos que aquello produjo alrededor de esos Señores, ellos siguieron operando a puertas abiertas, abriendo sus centros de aprendizaje aun en tiempos difíciles de esos años de muchas dificultades económicas. Esos Profesores de la raza negra habían tomado como unos de sus deberes ciudadanos a estar convirtiendo sus escuelas en esos raros sitios de reconocimiento público que cultivaron buenos estudiantes, lugares que fueron refugio para que los sueños se realizaran.

Recuerdo haber participado de esas noches en que podíamos seguir estudiando y aprendiendo mientras que convertíamos las sesiones de estudio en grupo en un modo de estar también socializando y a la vez construyendo relaciones personales que durarían para siempre.

A pesar de que muchos de la comunidad Westindian habían ocupado “Edificios Casones de madera”, que fueron muy populares en esos tiempos que se habían convertido en un estilo de vida de cómo vivir en estos calurosos trópicos urbanos. Esos Casones han desaparecido del nuevos paisaje urbano, en cambio ese espíritu de aprendizaje esta tan vivo, como en los viejos tiempos en que vieron a esas escuelas Inglesas iniciar la educación de jóvenes de la raza Negra en un país, que carecía de un sistema de educación pública adecuado.

Tardaría mucho tiempo para que la gente Panameña llegase a estar viendo florecer la educación bilingüe privada en su medio. Sin embargo, finalmente estamos reconociendo que las primeras escuelas privadas en el país habían comenzado con las escuelas de Inglés Westindian en los barrios y que había realmente hecho que los Gobiernos tomar notas que estuvieron en necesidad de una educación privada en el país.

Aunque mis experiencias con los Westindian English Schools fueron bastante limitadas, debido a la disfunción familiar que impidió mi asistencia a muchos de esas escuelas en alguna medida que me hubiera gustado. En cambio había experimentado lo suficiente como para apreciar su valor absoluto en mi vida y cómo me habían ayudado a prepararme para la vida de hombre adulto. Nuestra educación en la escuela Inglesas en conjunto con nuestras experiencias en escuelas Hispanas nos llegaron a dar una firme y base redonda lo suficientemente adecuada académicamente para que pudiéramos competir en cualquiera de los estudiante universitario, con que nos encontráramos aun en los Estados Unidos.

Las huellas escritas de las memorias de mis antiguos maestros y profesores negros Westindian han sido escasas en sus conmemorativos, sin embargo si la memoria me apoya sobre esos antiguos señores, en futuras entregas incluiré artículos sobre los día de mi infancia, cuando crecía apurado a llegar a la edad de la madures, en que me volvería un hombre adulto y recuerde esos entonces, cuando estuve todavía luchando mantener lo que había podido cosechar de esos señores y lo que había ganado de las escuelas Inglesas.

Sin embargo, creo firmemente que de no ser por la preparación y la divina paciencia de esos profesores, dudo que hubiese llegado tan lejos académicamente como yo y otros lo hemos hecho.

Esta historia continúa.

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