Mi Tía Berenice y su “Enfermedad del Sueño” –1ra Parte

Mi querida Tía Berenice Reid Charles
1912-2005

Mi Tía Berenice, hermana mayor de mi padre, siempre me pareció ser una de las más talentosas mujeres de mis tiempos de niñez. Al menos era ella más talentosas para mi quería decir que ella se había enseñado a tocar el piano, además de poder leer música. Tenía además una voz, impresionante y muy buena para cantar. Además, era amiga de una joven con el nombre de Dolores Leacock, quien era estrellas de canto y unas de las mejores pianistas de esos entonces. Era a quien visitábamos conmigo de remolque en el área de la ciudad conocida como Barrio de Santa Ana. La Tía Berenice, además, era miembro del coro de La Iglesia Episcopal San Pablo, a la cual atendíamos semanalmente para disfrutar de las misas.

Ella era buna escritora y buena con las matemáticas a la vez que era amable. A pesar de su físico y su fuerza corporal, para mi era una gran dama y fue una de las mejores cocineras de sus tiempos. Puedo con certeza contar como para nosotros la historia de nuestro fin de semana no acabaría con la misa de los domingos, sino que nos íbamos a estar visitar sus amistades, entonces les parecía que era yo hijo de ella y no unos de sus muchos sobrinos. Entre nosotros había esa química que iba yo a reconocer que nos gustaba eso de la culinaria. Así que para mi por ser que ella era conmigo sumamente paciente, había ella observado mi interés con sus talentos, aunque simplemente para mi fue por aquello de que había podido ganarse toda una vida entera trabajando en las muchas cocinas de la Zona del Canal norteamericana de Panamá. Iba a resultar siendo luego una larga vida hasta poder llegarse a retirar sin secuelas algunas.

Primeramente llegaría yo a estar conociendo a mi querida “Auntie,” por ser que así ella insistía que le llamáramos todos sus sobrinos. Así es que fue que había yo llegado a tener casi los ocho años de edad y bajo circunstancias para mi muy adversas, que llegaría a estar viviendo con ellas después del divorcio de mis padres. Aunque para mi eran tiempos difíciles, llegaría a estarme uniendo a esa tía mía, muy conocida entre los del lado paterno de mi familia los Reid. Recuerdo que junto estuve en casa extraña con mis hermanos menores, cuando fuimos arrastrados a casa de mi abuela, quien en esos entonces estuvo compuesto por dos tías. Eran hermanas de mi padre y la mayor siempre ausente y la menor en casa con mi abuela, Fanny Elizabeth quien trabajaba en la Zona del Canal de lavandera.

Mientras tanto mis padres, iban a estar procediendo a “sobre ponerse,” de esa catástrofe familiar, pero para nosotros los vástagos, ellos estuvieron preocuparse de sus propias vidas apartados de nosotros sus hijos. Llegarían a ser para mi tiempos después de que habían mermado la conmoción inicial del divorcio y de estar en una nueva familia, que me hice tarea de llegar a conocer mejor a esas tres mujeres. Queriendo de esa forma llegar a conocerlas y ver como ellas veían la vida común en esa parte de lo que era nuestro Panamá. Pero la tía Berenice era unas de mis metas primordiales, por ser que Auntie, era la mayor entre los hermanos de mi padre y también la hija mayor de la sobreviviente abuela Jamaicana. Para mi la más interesante entre ellas fue la Berenice, aunque en realidad sufría de esa condición anormal de quedarse dormida. Ha recientemente que he descubierto, que había ella podido llevar una vida normal sin alguna vez tenido tratamientos médicos algunos. Aunque había sido en realidad esa enfermedad de la narcolepsia que la hacia dormirse a cada rato durante el día y de la noche sin razones algunas.

Por supuesto, en esos tiempos de post la segunda guerra mundial, que era un Panamá de nuestra juventud, con escasez de profesionales de la medicina y peor aún, la desenfrenada ignorancia acerca de esos tipos de malestares y enfermedades especiales tropicales. Así que con la economía devastadora que regia a mí querida Auntie jamás iban a poder ayudar a que recibiera ningún tipo de tratamiento que la proveerla de mejoras en su vida de discapacitada. En esos principios de tiempos en que nos uniríamos con las tías y la abuela, para mi mente de niño, todo lo que estuve observando fue que ella parecía ser persona bastante normal y llena de vida. Además que ella podía hacer todas sus deberes a diario asombrosamente bien, ¡siempre y cuando ella no se sentara a descansar! Así es que desde ese momento en que ella se sentara cerraba los ojos y quedaba dormida.

Esta historia continuará.

Leave a Reply