La Viuda y un Saco de Cebollas- 1ra Parte

Fanny Elizabeth McKenly de Reid
1888-1982
Mi querida abuela paterna.

Como ya hemos establecido, las dos primeras décadas del siglo XX comenzarían una nueva era en la historia Panameña; es así mismo en la historia mundialmente conocida por la monumental construcción y subsiguiente apertura del Gran Canal de Panamá, de suma importancia para la navegación y el comercio transcontinental en el 1914.

También hemos señalado sobre el papel tan crucial que los varones Westindian jugaron en ese gran drama que en su tiempo silenciosamente se mantenían en la región, además de ver cómo ese papel suyo entre los actores presente en escena les llegaría a estar costando un precio de igual monumentalidad, costo que todavía no se ha reconocido en la historia ni tampoco se ha hecho intento alguno de rectificar tal reconocimiento de su labor.

Sin embargo, fue la llegada en masa de las mujeres jamaicanas, tiempos en que también llegarían otras mujeres de piel morena de otras partes de las Antillas, quienes iban a estar estimulando el comienzo de tan importante obra como los comienzos de las familias Westindian en el país llamado Panamá. Entonces, nos ha llegado esa herencia cultural que nosotros, los que hemos estudiado esa parte de nuestra historia, calificamos de “Rapsodia Antillana,” por ser historia que solo hasta ahora nos parece estar cantada en rapsodia a gritos contado “oralmente.” Para este que escribe lo había escuchado contar de boca en boca primordialmente en familia, y encontramos en esta hora ser punto crucial, para, de una vez más, poder reanudar la entrevista con mi abuela la Doña Fanny de Reid.

Dejemos entonces que ella misma nos dé ese vistazo de lo que fuera llegar a la viudez con siete hijos menores de edad que mantener y educar para luego ser los sobrevivientes de las primeras generaciones de los Reid, en un Panamá que apenas emergía en esa era de la post-construcción del Canal de Panamá.

Dejemos pues que mi abuela, la viuda Fanny de Reid, nos de su versión a primera mano y nos cuente lo que fue haber iniciado esa nueva familia Silver Roll e hijos de uno de los hombres pioneros que había trabajado en ese inmenso hoyo por donde hoy fluyen dos mares. Así entonces llegaremos a poder comprender como iban todos a tener que adaptarse a esos inicios de una racialmente segregada Zona del Canal, además de que también tendrían que adaptarse a eso de convertirse en ciudadanos de una nueva y recientemente constituida ciudad y país de Panamá.

 

Pregunta: ¿Quiénes son sus hijos producto de este matrimonio?
Respuesta: Los niños de este matrimonio fueron siete. Berenice, Cobert, Eric, Utilma, Newton, Clifford y la Gwendolyn todos con el apellido Reid.

La abuela entonces continúa narrando lo que ocurre ese día de la muerte de su marido, mi abuelo Joshua, historia que usted puede leer aquí traducida al español por primera vez. Esto sería algo después de que le preguntáramos acerca de cómo ella se siente en el momento que la muerte alcanza a su marido:

“Tuvimos momentos muy difíciles; no fue nada fácil aquello de contemplar a siete muchachos y yo sola. Así que, poco después de su muerte me llamaron a Balboa Heights, a los Altos de Balboa, al edificio de la administración del Canal y me entregaron una carta para que consiguiera un empleo en la Lavandería de Ancon.”

Hacemos pausa aquí para contemplar ese evento que daba luz a tan horrible realidad ya que en nuestra forma moderna de considerar la muerte de un obrero, esperaríamos que la esposa del Señor Joshua Austin Reid recibiera lo que hoy consideramos como compensación por tiempo laborado, beneficios de muerte súbita y su último salario. Luego de mis indagaciones, mi abuela admitió que nunca recibió ni mención ni un centavo de dichos beneficios de muerte, algo que me sumió en una profunda pena por las penurias que tuvo ella que sufrir.

De hecho, su relato de esta difícil historia había sido igual en todos los años que yo estuve escuchando ese recuento, solo que en ese instante recordé algo que ella había obviado mencionar en esta entrevista. Aquello fue algo sobre el empleado del Gold Roll que la entrevista en ese momento tan crucial en su vida. Aparenta estar asistiéndole a su llegada a ese temido y, a la vez, respetado lugar de Balboa Heights. El administrador norteamericano, sin considerar sus sentimientos ni el estado anímico de esta recién enviudada, simplemente le entrega una bolsa de cebollas con una carta y le pide que se retirara. Sí, mis queridos lectores, una bolsa de cebollas, uno de esos pequeños saquitos de cebollas de 5 lbs., que en esos tiempos tan solo se encontraban en los Comisariatos del Gold Roll.

Luego, con su bolsa de cebollas y la carta de recomendación para reportarse a su nuevo empleo, ella se marche para unirse a los cientos de mujeres trabajadoras de la raza Negra Westindian. Como lavandera muy pronto tendría que abandonar sus siete huérfanos, todos menores de edad, y dejarlos solos para así desaparecer todo el día laborando en la Planta de Lavandería de Ancón en esa Zona del Canal.

Esta historia continúa.

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