Los Clubes Sociales y el Estilo Westindian 1920-1930

La legendaria Hebilla de Oro, estilo comenzado
por los Westindian, aun permanece como ícono
de la cultura Panameña.

Un gramófono de los años 1920′s.


Los primeros y, quizás, los más visibles señales de la primera generación de Panameños Westindian, que en su tiempo demostraban cierta fortaleza para unir recursos, fueran los Clubes Sociales. Estas organizaciones fueron organizadas para promover las principales actividades sociales entre la juventud negra Westindian, sobretodo en los sectores económicos de la ciudad de bajos ingresos dentro de los barrios de la ciudad. Su mayor enfoque eran los populares bailes y reuniones bailables con sus orquestas internacionales y agrupaciones nacionales.

Tales actividades ganarían atención de una juventud negra de la Zona del Canal primordialmente por sus transmisiones por las estaciones de radio, además por las columnas noticiosas muy leídas que aparecían en los diarios locales de habla inglesa. Eran esos los medios masivos cuyas columnas eran dirigidas a la comunidad negra Westindian en periódicos bilingües que en esos entonces aparecían en español y en el idioma inglés.

El año de 1935, sin embargo, se encontrarían clubes sociales como el Club Social Sheffield, integrado generalmente por no más de seis o siete jóvenes de la etnia Westindian, que en su mayoría no pasaban de sus veinte años y quienes popularizaron el arte de la recaudación de fondos a través de sus bailes organizados especialmente para jóvenes quienes todavía no habían llegado a la edad de estar empleados en la Zona del Canal de Panamá.

En su mayoría esos jóvenes emprendedores habían estado empleados desde la edad de los 15 años de edad en esa misma Zona del canal. Estos jóvenes de la primera generación y de edad un poco mayor, quienes fundaron los clubes sociales, emergieron en la escena con ideas que se les había legado de los de la generación nacida en el siglo XIX pasado, o sea de los inmigrantes, de esa generación de los que habían empezado a organizar las logias. Se recreaban organizando giras campestres (picnics) y, generalmente, hacían mímica cultural de las gentes tanto de la raza blanca norteamericana como de los negros de los Estados Unidos.

Sin embargo, la escasez de medios de entretenimiento sano para toda la juventud de raza negra Westindian, en esos entonces mayoría entre la juventud, daba a esos clubes un giro más festivo, giro que luego se convierte en populares cultos además de ser sitios de las ciudades en que se podía llegar a estar divirtiéndose.

Sus bailes populares se convierten literalmente en “el lugar para ser visto” en los fines de semana y días feriados. Usaban los tocadiscos que, en esos tempranos días de nuestra historia, eran conocidos como gramófonos, en los cuales ellos tocaban lo último en ritmos y música popular norteamericana negra.

En su mayoría los ritmos incluían ritmos del Jazz y las baladas conocidas en las comunidades negras de Estados Unidos. Eran esos los ritmos y modos de bailar copiados de negros estadounidenses trabajadores del Silver Roll de la Zona del Canal. Se escucharían en fiestas halconeras a jóvenes bailando y conversando alegremente. Por supuesto que sus vecinos estuvieron también escuchando la música de los Calypsonians, esos quienes habían estado grabando discos en esos momentos tempranos de la historia.

Esa música llegaría a evolucionarse en ser música Westindian, muy popular internacionalmente conocida como la música de las “steel pan,” o de tambores de acero todavía inimitables en las islas de Trinidad y Tobago.

Los anfitriones de los clubes, como habían sido los del Club Sheffield, eran una atracción en sí, apareciéndose generalmente todos vestidos iguales en juegos de camisas y pantalones, todo diseñado y cosido a mano por costureras y sastres locales. Los jóvenes expertos en ese arte de la corte y confección tanto en diseño como de la costura llegaban vistiendo en equipos llamativos de buen gusto, cada vez diferente que la vez anterior. Llegarían entonces a ser el blanco de la envidia de cualquiera de los panameños de habla española.

Luego llegaría a ser aquello que se convertiría en tradición legada de los jóvenes Westindios Panameños a sus jóvenes admiradores, grupos de la misma edad que los seguirían. Los chicos y chicas más jóvenes entre sus admiradores no podían esperar su turno para estar exhibiendo a su manera las modas Westindian desde sus pies hasta la cintura con la hebilla de oro. Hasta en sus pies llevarían la marca de distinción, los famosos zapatos de dos tonos. Esas caminatas en cualquier tarde de baile se volverían pasarelas en que “declaraciones” de lo que era “fashion,” sería cuestión muy seria.

Incluso, había cortes de cabello muy especializados. Aquello de estar haciendo moda de cortarse el pelo de la cabeza al “raspao,” que era el novedoso afeitado de casi todo el pelo comenzó en esa época. Los cortes se hacían con la navaja afilada apenas permitiendo “un caminito de hormigas” para asentar el corte. También había el estilo del “tazón” que parecía haber sido hecho utilizando una calabaza. Se cortaba a medias dentro del tazón que se colocaba sobre la cabeza del cliente para luego afeitarle alrededor de su borde, dejando una cantidad mínima de pelo en “la copa” que parecía una cresta que entonces se acentuaba con una línea de partidura.

La peluquería del Señor Walter Grant, el padre de mi padrastro Bobby Grant, estaba ubicada en esos entonces en la calle 24 y la Avenida Central, hoy la conocida Calle M de Calidonia. Era, a menudo, el único lugar para trasquilarse a la moda, que luego se haría parte de la cultura histórica de la belleza del varón de barrio. En los fines de semanas ese local colmaba de varones de todas las edades. Tanto hombres trabajadores como muchachos se podían encontrar aguardando turnos en las sillas de los peluqueros.

Los bailes populares estilo Westindian, sin embargo, llegarían a ser ocasiones inolvidables que venían evolucionando a partir de los años mucho antes de la década de los 1920. Ese año marcaría una tendencia entre la juventud de habla hispana de los vecindarios en que también residían los negros westindian. Estas tradiciones iban a durar hasta los años de la década de los 1950 incluso iba a durar hasta los años 1980. Fue una época en que la cultura ascendía y se popularizaba entre la juventud de habla hispana de Panamá con esos mismos estilos y gustos del modelo Westindian, especialmente durante sus propias fiestas populares de febrero, los “Carnavales.”

Esta historia continúa.

One Response to Los Clubes Sociales y el Estilo Westindian 1920-1930

  1. Were those fiestas organized by Social Clubs popularly called “naitafon” o “naita” for short (when the party took place during the night) or “deifon” (when the party took place during the day time) at the time? I remember seeing my brothers wearing waist-long polyester blazers in the 1970′s during carnivals (all of their friends would wear the same design and color, sewn by a local tailor as you mentioned), two-tone “picahielo” shoes and Fedora hats . The gold belt and “leontina” was a must have, for those who could afford them, of course. I bet that since they were not Westindians but rather Spanish speaking Panamanians you would say they got dressed in that sort of costume to imitate that early generation of Westindians you describe in your article. Based on how much pride and pleasure they derived from their looks I really believe they felt they were the real deal although they could not speak English. I don’t know why Westindian descent Panamanians make a point in differentiating from us Spanish speaking Panamanians. I guess the difference, if there is any, exists only in your minds. We, Spanish speaking Panamanians are every bit as Panamanian as you are. I would say that since the first black slaves were brought to Panama in colonial times through the time when blacks were brought from the West Indies to work in the construction of the Panama Canal and to this day the Panamanian ethnicity has evolved from a melting pot of races (Negro, Amerindian, Zambo, Mulatto, Caucasian, Asian, etc.) from which we cannot escape. It is embedded in our DNA. It is part of our identity, our culture, our history, our traditions and of everything we are as a people. It is what makes us be more than just a transplanted group of people who settled in this territory by chance to be a full blown ethnic group of our own with a common heritage, strong roots and a great sense of being Panamanians. I wrote this comment in English just to make a point although I could have written it in Spanish just as well. Language and skin color should not be the reason to distance people of the same origin. At the end of the day we are one and the same, just as the two sides of a coin. Would it make sense to talk about each other as “the other side of the coin” to make a distinction? Being seemingly different because of the language we speak or the color of our skin does not render us opposite but rather complimentary; we are two integral parts of the same coin minted together into one solid unit. That’s where our worth resides. We all are Panamanians, no hyphenation required. Thank you very much for your article, it was really nice reading it. It brought a bunch of memories back to mind. Cheers!

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