Tarea Ordenada por Nuestro Dios


Durante esta estación de Navidad, época para la reflexión y de acción de gracia, rogamos fervientemente que ver protestas emocionales verdaderas con respecto al tema de los lugares donde yacen nuestros antepasados. Estos sitios históricos son donde permanecen nuestros verdaderos patrimonios culturales. En cambo allí se mantienen desmenuzados esperando ser desenterrados e ignominiosamente ser desaparecido de la faz de la tierra, para nuca jamás ser recordados por los hechos gloriosos que no nos cansamos de contar.

Después de haberme ido de Panamá durante los años de mi juventud me sentí siempre, como uno de los viejos Israelitas quienes dispersados sus vidas cuenta las sagradas escrituras. Como ellos con sentimientos de ser desarraigados, vendido a la esclavitud tenia yo de alguna manera que demostrarle al mundo el grado de injusticia que fue nuestro apuro colectivo. Nosotros los descendientes, como remanentes de esos nobles “constructores del Canal de Panamá,” nos ha tocado ese deber sublime de salir al rescate y la reconstrucción de “las paredes amañadas” de nuestra cultura, que es una cultura que ha legado a generaciones futuras de todas las gentes de la orbe un mundo mucho mejor.

Sentimos sinceramente que la mano del Dios todavía esta reclinada sobre nuestros antepasados entre tanto vemos que hay una actual amenaza a esos sitios sagrados si no llegamos a tomar acciones concretas en su respecto. “¿Cómo se construye una pared?” Han preguntado a Sabios y ellos han contestado siempre “Ladrillo a ladrillo.” Por lo tanto, viendo que poseemos gran cantidades de gentes quienes son descendientes de la cultura del Silver Roll de lo que resultara siendo Zona del Canal Negra, gentes experta y educada aquí en Panamá y en una Diaspora que se ha extendido en ultramar. Deberíamos poder recaudar recursos suficientes para hacer lo que seria un serio contra ataque y poder combatir la amenaza de perder la única prueba visual de nuestra cultura intangible totalmente. Es la única herencia que nos resta que heredaremos a nuestros hijos y nietos que como legado tendrán en la historia panameña.

Poseemos entre nosotros diestros escritores, técnicos, educadores, vendedores, artistas, atletas, presentadores, artistas, religiosos, sacerdotes y políticos, todos expertos. Gentes que podrían llegar a la reconstrucción de esta “pared,” todas sus habilidades para motivo de Nuestro Dios y llegar a reconstruir nuestro sitiado patrimonio cultural. En cambio, nos parece , que estamos esperando estar lamentándonos mientras observamos con manos caídas en medios noticiosos y videos en Internet, cómo los cavadores de tumbas profanan impunes, removiendo los huesos de nuestros antepasados de sus legítimas moradas como menudencias, para que nunca jamás sean señalados ni escuchar hablar de ellos otra vez. ¿Es esta el resultado final de un plan oculto y infame, que ha por décadas estado obrándose por borrar la memoria y contribuciones de las gente señalados en ese padrón de Plata de los anales de la historia Panameña, y así de la historia del Canal de Panamá y de la historia mundial?

En cambio todo lo que estamos escuchando aquí debajo de los medios de noticiosos y de nuestros lectores en los EE.UU. son los gritos de “¡Obama, Obama, Obama!” Es con todo el respecto que se merece el presidente de una gran nación, entre tanto pienso que necesitamos nosotros escuchar, sin embargo, más sobre “las gente de Plata esos Silver People” que casi están desapareciendo de nuestro Panamá. Además unirnos para ver cómo podremos mantener las memorias y la herencia de nuestros antepasados Westindian.

Depongamos del orgullo y ese sentido absurdo de la competitividad y juntémonos como una gente de Dios, en esta tarea que nos ha legado Dios y seamos hermanos otra vez en esta noble causa que es para recuperar nuestra dignidad. Escuchen por favor nuestro rezo y en asamblea unámonos en petición:

A ti lloramos como pobres hijos desterrados de Eva.
A tí enviamos nuestros suspiros, de luto y, clamando, en este valle de lagrimas.
Dé vuelta su mirada misericordiosa hacia nosotros,
O, defensora graciosa.
Y después de este nuestro exilio,
Muéstrenos la fruta preciosa,
Que nos hará ser dignos de recibir las promesas de Jesús Cristo
¡Amen!

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