La Presión Aumenta- El Reclutamiento de los Westindian

Imagen del Corte Culebra 1907 (Gaillard Cut)

El SS Ancón repleto de trabajadores Barbadianos para entregar en el puerto de Cristobal (Colón) 1909

Una vez que el istmo de Panamá dejara de ser el “cementerio del hombre blanco,” con la epidemia de la fiebre amarilla traída bajo control y los vectores de malaria eficazmente eliminadas- si bien, según indicamos previamente, la malaria siempre sería una amenaza latente en cuanto las condiciones sanitarias se relajaran- el entorno laboral por fin estaría seguro del contagio. El esfuerzo del ICC ahora se re-enfocaría en la tarea enorme de la construcción actual.

El número de victimas mortales siempre ha sido un tema de gran polémica sobretodo desde que los norteamericanos asumieron el control la construcción del Canal de Panamá, pero está fijado, oficialmente, en 5,609 trabajadores que murieron entre 1904 y 1914, trayendo el saldo total de mortandad a aproximadamente 27,500.*

Dentro de estas muertes, sin embargo, y aquí entra la polémica, tenemos muchas muertes no-contabilizadas, particularmente entre los Westindian. Huelga decir que la mayoría de las muertes estaba dentro de las filas de los Westindian y de cualquier forma que uno lo mire los números de muertos fueron grandemente desproporcionados comparados con sus contrapartes blancas. Posteriormente exploraremos los otros peligros mortales, aparte de la enfermedad, que llenaron estas cifras.

A pesar de que para el año1906 los ingenieros encargados incluyendo a John Stevens seguían indecisos en cuanto al proyecto final, si se trataría de un “canal al nivel del mar” o “un canal de exclusas,” no detrajo del hecho de que aun había un trabajo por delante- una empresa monumental- y se requería de mucha mano de obra para lograrlo y de lo mas pronto posible.

Aquí es adonde el eficiente reclutamiento de los trabajadores Westindian adquiriría extrema importancia. Estos trabajadores no sólo serían necesarios para el crucial y, en última instancia, áspero y peligroso trabajo en los “cortes,” sino que, también los emplearían para servir en la infraestructura que estaba por desarrollarse. Estas personas trabajarían en los futuros comisariatos, clubhouse, hospitales y dispensarios, campos de golf, parques, hoteles, etc., que la administración impacientemente preveía para sus trabajadores del Gold Roll considerando siempre su comodidad, conveniencia y su seguridad, ya que para el Silver Roll estas consideraciones eran siempre secundarias.

Los reclutadores, muchas veces insistentes y a menudo algo despiadados e intimidantes en sus estrategias de reclutamiento, fueron enviados a las islas del Caribe, puesto que en la mayoría de los países europeos estaban rotundamente prohibidas sus actividades. Las islas de Barbados y de Martinica serían donde el peso del reclutamiento sería más sentido. Según un informe de W.J. Karner, agente de trabajo de la distribución del jefe para el ICC (1907), los números de los trabajadores Westindian que fueron enviados al istmo sumaban lo siguiente: 1905 2,969 1906 7,017 1907 3,410 (enero de 1907) 13,396 (febrero de 1907) el **

Ahora, debemos recordar que el reclutamiento en la isla de Jamaica había sido abandonado debido a, como hemos observado, la desaprobación del gobierno jamaicano de cualquier reclutamiento en su isla para el “Proyecto Ismeño.” Más allá de la negativa experiencia que habían experimentado con el proyecto del ferrocarril (el Panamá Railroad) y, aun mas importante, el proyecto del canal francés, estas experiencias los había dejado tambaleando y embargados con un saldo de miles de trabajadores desplazados, abandonados y privados de sus derechos contractuales a la repatriación, faltos de los medios visibles para volver a Jamaica.

Comprensiblemente, se sentían nerviosos ante otro episodio de estos desastrosos “afianzamientos” donde tendrían que apuntar sus escasos fondos públicos para rescatar a sus extenuados ciudadanos.

Los jamaicanos, sin embargo, los “perennes” jamaicanos, aun seguían llegando al istmo. Su gobierno había dejado esa opción totalmente a la discreción de estos individuos aventureros que deseaban probar suerte en Panamá. Siempre y cuando pagarían un establecido impuesto de salida (una suma de dinero para garantizar la cantidad necesaria para su repatriación) podrían salir de Jamaica para Panamá pagando su propio pasaje y sin ventaja de un contrato. Veremos luego que muchos de estos trabajadores Jamaicanos se lamentarían de esta decisión.

Esta historia continuará.

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