Las Relaciones Entre Los Coolíes y Los Westindian

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Desde los inicios de la época ferrocarrilera y el desarrollo del imperio bananero en la región centroamericana y el Caribe el chino siempre ha aparecido junto a los esclavos negros Westindian. Tan cerca trabajan y se relacionaban el uno con el otro que algunos estudios han demostrado que los siervos africanos efectivamente adoptaron algunos de los matices de la cultura china en su diario vivir y hasta en su perspectiva cotidiana.

Sin embargo, en el teatro centroamericano y panameño muy poco ha sobrevivido esos antiguos días de los coolíes para tener una duradera influencia en nuestra vida cultural derivada de la interacción entre los chinos y nosotros. De hecho, nosotros, los que sondeamos esa pasada edad, podemos encontrar muy poco de nuestra influencia Westindian sobre la cultura china panameña hoy por hoy.

Desde nuestra perspectiva globalizada nos podemos permitir hoy día, una mirada más cercana de lo que ha pasado con una relación tan cercana entre los dos grupos de seres humanos más grandes y segregados en el país de Panamá. Si nos aferramos a la premisa que los seres humanos son seres racionales que comparten algunos de los mismos valores morales y éticos, entonces debemos repasar nuestros valores humanos comunes para esclarecer las pruebas que esos preceptos morales tienen el mismo significado para todos nosotros, los herederos de nuestro planeta. Podemos argumentar que si los Westindian Panameños compartieron experiencias comunes con la comunidad china e hindú, entonces debemos haber fomentado una fuerte alianza.

De hecho, la historia Panameña revela que los asiáticos y los Westindian, a pesar de haber sido claves en el desarrollo del país llamado Panamá, han sufrido episodios vergonzosos de la expulsión y de escarnio por ser “declarados inmigrantes prohibidos.” Así de tarde como los años 40, durante una época de paz relativa en nuestro país, un período de potencial para el progreso económico y social, no aparece haber ninguna fuerza o sentimiento de aglutinación que hicieran que esos tres grupos de extranjeros permanecieran juntos como fuerza invencible en uno de los países más atrasados del hemisferio.

Nada podría ser más ajeno a mis nociones más idealistas, puesto que de todos los factores más sobresalientes durante esos años que compartieron como comunidad de trabajadores, muy poco ha sobrevivido para demostrar que hubo algo en común entre nosotros y esas comunidades de gente asiática.

A menudo me he preguntado si fue la intransigencia de los negros Westindian que promovió esa separación vergonzosa. Sin embargo, como observador/ participante yo puedo ser enfático en atestiguar que no fue así dado el gran respeto por la civilización asiática que se nos ha heredado de nuestros antepasados Westindian, incluso hasta el día de hoy. Nuestros antepasados, desde la llegada de los chinos, supieron que ellos fueron una gente arrancada de su tierra proveniente de una cultura larga e ilustre.

Aunque tenemos nuestros opiniones si nuestros antepasados estaban enterados de ese profesor, pensador y filósofo chino venerable, Confucio, cuyas enseñanzas han influenciado tan profundamente la vida china, japonesa, coreana y vietnamita, aun miramos al pasado en asombro al encontrar a un antepasado sobreviviente en la persona de Luisa, una madre Westindian del área de Pueblo Nuevo de la ciudad de Panamá, que estuvo casada por más de 70 años a un antiguo coolí hindú. De hecho, me pregunto cuantas veces ocurriría este fenómeno realmente y si estos ejemplos de la unión de nuestras culturas eran todos tan acertados como la unión entre Luisa y Jack.

No obstante, hasta la época de principios del siglo veinte, nuestra gente Westindian seguiría llegando a Panamá, al igual que el chino y el hindú, y mientras que los inmigrantes a Panamá hacían frente a una gran posibilidad- la muerte. Entre los años 1848 y 1906, cuando la mayor parte de nuestros antepasados llegaron, algunos bajo contrato y otros que habían costeado su propio pasaje para obtener un empleo, nuestra gente, los Westindian, llegaron a representar la salvación de la mayor parte de la gente que llegó más adelante, ya que la mayor parte se encontraron con su muerte tan pronto como llegaban a esta parte del mundo.

Hoy, al presenciar la rápida desaparición de la influencia de nuestra gente sobre todos estos otros grupos de sobrevivientes de las cuatro esquinas del globo, continuamos preguntando cuáles son los rastros verdaderos que hemos dejado en nuestra pequeña nación.

Con el pasar del tiempo, nosotros los Westindian, vemos como hemos estado siempre en el extremo menos favorecido de la escala de la prosperidad y que, a pesar de nuestra coexistencia centenaria con los asiáticos, no hemos conservado ningún enlace significativo con nuestros anteriores vecinos coolíes.

Esta historia continúa.

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