El Cambiar de Actitudes: Buscando una Base de Vinculación

Un bailarín Congo de la Etnia Negra de Panamá- Porto Belo

Las décadas han venido y han pasado desde que los primeros y más grandes grupos de deseosos trabajadores llegaron en el istmo de Panamá para sobrevivir los rigores del clima y la carga laboral diaria que tendrían que dominar de sol a sol.

Pronto veremos, al entrar en la era de la construcción del canal, que el período anterior trajo consigo una gran ola de incalculable miseria, enfermedad y muerte entre los trabajadores en el área de los ferrocarriles, de las plantaciones del banano y de los proyectos iniciales Inter-Oceánicos del canal, todo subrayado por la falta de adecuada remuneración por el tipo y duración del trabajo. Ya sea por medios de la energía humana o con la ayuda de maquinaria pesada, los proyectos previstos se beneficiaron grandemente con la presencia de todos los grupos de trabajadores coolí.

Pareciera que el destino lo ha dejado para nuestra rápidamente cambiante generación el poder ver tales cambios ocurrir, particularmente a través del medio que hemos llegado a conocer como el Internet. Para nosotros los que hemos superado el total analfabetismo y muchos otros obstáculos intentado encontrar, con este medio, una agente o una fuerza de aglutinación de gran alcance, este medio ha sido un milagro de imprescindible valor. De hecho, estar presente en estas épocas históricas y continuar con la esperanza de poder atestiguar cualquier acontecimiento de la unificación del remanente de todos los Diásporas de nuestra gente de las cuatro esquinas del mundo es extraordinario de por sí. Es con gran aliento y gran cariño que compartimos nuestro rezo que nuestra gente aquí en el país de Panamá, relacionados por sangre o no pero por acontecimientos históricos, como seres humanos, de una vez se unan en armonía.

Nosotros que pertenecemos a los grupos de extranjeros que participaron a principios del vigésimo siglo en los proyectos principales de construcción diseñados y dirigidos para hacer nuestro mundo más tolerable para todos, no podemos dejar de recordar que nos apuntaron para la expulsión y el menosprecio. A pesar de las mejores de las intenciones gubernamentales y de la propaganda política, nuestro mundo sigue siendo hoy un mundo miope, un tan confuso inmóvil como los tiempos en que nuestros antepasados desembarcaron en las playas y los muelles de nuestro país.

Tan mal como puede parecerse, seguimos siendo tan perdidos como grupos separados de ciudadanos enajenados de la escena política del país como estamos uno del otro, teniendo muy poco que ver en la vida del otro. Nosotros, sin embargo, como miembros de la segunda y tercera generación de panameños, compartiendo la noble bendición de haber nacidos ciudadanos de un gran patrimonio, debemos, durante estas épocas cruciales, llegar a la luz de la materia adoptándonos uno al otro como gente que compartimos antepasados durante los mismos tiempos históricos.

Fueron nuestros antepasados que fueron diezmados por el trabajo arduo que llevó la mayor parte de ellos a sus tumbas dejando sus rastros enterrados en esta tierra que se convirtió en su hogar adoptado y que fue, y aún es, visitado por los espíritus de todos nuestros antepasados. Ya es hora de que reconozcamos los incuestionables hechos históricos que nuestra existencia en esta parte de la tierra se relaciona directamente con los sentimientos que nuestros antepasados tenían sobre la libertad y la justicia. De tales ideas e ideales, ¿podemos secundar conjetura de nuestros queridos antepasados? Si no, entonces debemos esforzarnos para entender que tenemos una línea directa de la herencia para demandar en trabajo no remunerado con que nuestros antepasados no pudieron incluso ni soñar.

A pesar de que tal deuda no se pueda percibir como reconocimiento simbólico, junto como una fuerza de ciudadanos panameños sí podemos exigir que tal deuda sea pagada. En este momento se lo debemos a nuestros antepasados negros, chinos e hindúes demostrar el conocimiento requerido para aprender a rechazar el modo tradicional de “relacionarse” uno con el otro, actitudes negativas que todavía persistan en nuestro medio. Debemos unirnos y extendernos como poderosos grupos como lo hubieran aprobado nuestros antepasados, abandonando las viejas actitudes de los que no están dispuestos a aceptarse a si mismo y a nuestros antepasados como parte de nuestro patrimonio cultural panameño.

Nuestra meta debe ser reeducar a nuestra gente para renunciar la aceptación de las actitudes alentadas incluso por nuestra actual sociedad. Hacemos bien en unirnos a ese espíritu que aborrece la discriminación racial y que lleva las personas al extremo, como muchos grupos asiáticos en nuestro país, de demostrar una actitud de distanciamiento para con nosotros los negros, los herederos de los Afro caribeños. Siguen rehusándose a recordar que descendemos de nuestros antepasados que compartieron los mismos dolores de esos tiempos históricos y que estuvieron unidos a sus hermanos en todas las luchas laborales.

Hablando con toda franqueza nosotros los negros hemos sido algo ingenuos como a través de nuestra historia, siempre queriendo compartir y utilizar lo que teníamos a nuestra disposición para comunicar a todas las facciones de la comunidad del “Arrabal” del país de Panamá nuestras capacidades particulares. No podemos, sin embargo, decir lo mismo de nuestras contrapartes asiáticas que raramente han estado dispuestas a comunicarse con nosotros, o compartir la enseñanza de su lengua y cultura con nosotros que compartimos nuestra historia de Panamá con ellas.

Ha llegado la hora para todos nosotros de salir de ese lodazal en qué nos hemos mantenido todos los antiguos extranjeros, separados, virtualmente, de nuestro país. Podemos señalar muchos ejemplos dentro de nuestra gente, dando fiel testigo de los casos personales de nuestros profesores afroantillanos que dieron sincera y completamente de sí mismos. Éstos fueron los individuos que, en esos años, utilizaron sus escasos recursos a beneficio de la causa transformando a los niños de su comunidad, hijos e hijas panameños, en personas letradas, personas que podrían competir en última instancia con los mejores graduados de las escuelas oficiales, para poder ocupar posiciones de importancia como profesionales cualificados. A menudo, estos productos de los “Westindian School Masters” eran muy capaces y sabían leer y escribir tanto en inglés como en español.

Es nuestra humilde opinión nos necesitamos uno al otro, ya que cada uno de nosotros tenemos opiniones que hacer público de cómo se nos ha negado el acceso a ese sueño de nuestros antepasados, ese sueño que aun vive de poder practicar la libertad entera y de poder ir y venir como las naves que transitan diariamente de Asia a Panamá y viceversa.

Quienes nos conocen, los panameños Westindian, no nos pudieran acusar de ser no estar dispuestos a compartir los cambios de nuestras épocas. Los hechos siempre han comprobado nuestro caso y continúan comprobándolo hoy por hoy. Con la ayuda de las herramientas del ciberespacio podemos desafiar las viejas, equivocadas y crueles actitudes.

Esta historia continúa.

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