Tres Continentes Sentados Juntos

Otra vista de la Represa Madden.
Aun se puede ver la espesa selva que rodea el area,
tal y como era en los días de los jóvenes Jack y Luisa.


La próxima ronda de delicias fueron servidas cuando nuestra anfitriona me lleva nuevamente a los días nuestros de la realidad de lo que era el Panamá de nuestros ancestros. Era una historia de la cual las gentes nuestras todavía no se atrevían a contar, y ni aun llegar a imaginarse. “¿Vez este hombre que esta aquí sentado?” pregunta ella de pronto esperando que yo reaccionara. Intrigado, ya no podía apartar la vista del caballero anciano que, a pesar de su aspecto humilde y reservado, parecía tener mucha historia que contar también. Enfocado ahora en aquel Señor,
Jack London, lo juzgaba ser un Señor Hindú, solo que no portaba ese turbante característico que lo delatara como tal.

Pausé mientras lo observaba por primera vez, ya que el varón parecía permitir a su esposo liderar las conversaciones en compañía de foráneos. Me daba cuenta del significado de estar en la presencia de otro de nuestros ancestros Westindian, y, sobretodo sentado junto- los tres continentes en una mesa. De pronto escucho a mi esposa preguntar, “¡Y ustedes, ¿que tiempo tienen de estar casados?” Como cualquiera otra esposa la Doña Luisa contesta, “Hemos estado casados por mas de….”

De pronto había cortado la respuesta que nosotros ansiosamente esperábamos. Luego pregunta, “Les apuesto que no podrán adivinar cuantos años son?” Sonreía pícaramente, la Doña Luisa, mirándonos a nosotros los jóvenes foráneos con ese brillo especial en los ojos. Ya que nosotros éramos los supuestos profesionales graduados en el rango de la Gerontología, parecían sus ojos decir que deberíamos poder calcular algo tan simple como eso. Decidí rendirme ya que no podía imaginarme el tiempo que esos dos enigmas estuvieron casados. Buscaba en el rostro de nuestra anfitriona alguna pista, luego dejé subir y caer los hombros y dije, “No…realmente no tengo idea de cuanto tiempo tienen ustedes de casados.”

Con la ancha sonrisa de la victoria pintada en los labios Doña Luisa anuncia orgullosamente, “Actualmente estamos juntos mas de setenta años, y hemos tenido once hijos y ahora mas de veinte nietos.” Había visto parte de la gran tropa que componía ese Clan, pero antes de que pudiera preguntar como fue que se habían encontrado para enamorarse, nuestra anfitriona ya lo relataba. “¿Saben que? Yo me iba caminando desde por acá hasta Chilibre por todo ese monte…y solamente para irme allá a ver a este donde él trabajaba.”

O sea, nuestra querida anfitriona no había dejado que algo tan insignificante como las grandes distancias, los montes, ni las selvas se interpusieran en ese gran romance entre ella y su Jack. “¡Simplemente me tiraba para allá solita!” siguió contando tranquilamente con esos ojos juguetones que brillaban mas que la luna llena en una noche tropical, revelando ese sentido de triunfo de haber hecho tales cosas. “Me iba para encontrarme con él,” finalizando ella su relato de sus días de joven romance.

De pronto Jack afirma lo que faltaba para completar la historia. “Si es cierto, así fue. Yo estuve trabajando por allá fuera en esa Represa de Madden, cuando, de pronto, ella se presentaba y así fue con nosotros todo el tiempo que estuve por allá trabajando. Eso era porque yo no salía de esos entornos, en realidad ninguno de nosotros salía a ninguna parte saben.”

Esta historia continúa.

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