Luisa la Maravilla de la Gerontología

Billeteras de la Lotería Nacional
de Beneficencia de Panamá

Por primera vez los tres de mi pequeña familia nos deleitábamos de estar entre ese clan con la matrona Luisa. Ellos, para este que les escribe, eran esa herencia de nuestra Etnia Negra Panameña. Era aquello ante mis llorosos ojos alegres quien nos daba esa tan acogida bienvenida, cual había yo soñado toda la vida mientras estuve en el extranjero. Fue en estos instantes que debí confesar que nuestra bienvenida no había sido de hijo prodigio. A pesar de anfitriona, así de triste había sido nuestra bienvenida a suelo patrio, después de lo que fue más de un año de estar como gitanos, moviéndonos de un alquiler al otro en diferentes áreas de la Ciudad de Panamá.

Estuvimos en este área en nuestra quinta mudanza y había sido aquello de haber encontrado mis compatriotas no ser muy serviciales, ni ser personas que habían sabido mostrar bienvenida a gentes que ellos consideraban inmigrantes todavía, en especial aquellos Westindian que intentaran volver a la Madre Patria. Habíamos ya adquirido algo de rechazos y en lo general esos “tropezones” que son esos estorbos y tropiezos mentales que la juventud estadounidense llama “head tripping.” Aquello era en especial entre los varones de mi generación con quienes me había estado poco a poco encontrando.

Había en ese día entre los varones del Clan encontrado lo mismo, que sabía que eran indicios de que realmente no me estuve acoplando a la cultura panameña del amante de la bebida alcohólica. Las veces que mis viejos conocidos de la secundaria me habían invitado a un bar a pasarme la tarde con ellos me había ido muy incomodo. Encontraba a los viejos distanciados por esa razón de que yo no había ingerido ni una cerveza u otra bebida alcohólica. En cambio allá junto a la amiga, Doña Luisa, me encontraba con la proverbial matrona, ese espíritu de la madre Africa en verdad, que parecía de una vez entender nuestro espíritu herido.

Su espíritu de madre mandaba esos bálsamos espirituales curativos hacia nosotros y en esas horas estuvo sanando las heridas de quienes ella consideraba sus gentes. Aquello estuvo ocurriendo ante mis ojos como si fuese un sueño que estuve teniendo de mis gentes Westindian en ese Panamá sufrido en pleno atardecer de esa centuria numero 20.

Entre tanto la Reina Luisa, poseída, de esa real gracia, como si fuese carga divina, había permanecido a mi lado conversando conmigo intensamente sobre aquello de cómo ella aun estaba empleada con la Lotería Nacional de Beneficencia. En cambio yo tan solo pude estar considerando que ella era aquella “nonagenaria” billetera. Era a esa edad una de las miles vendedoras billeteras que se habían acogido a esa profesión.

Esa Luisa era la maravilla de mi idealizada tesis gerontología, por razones de que ella a esa edad de 94 años estuvo por sentarse por horas como las miles de vendedoras de los billetes oficiales de esa generacional Lotería de Panamá.

Esta historia continua.

2 responses to “Luisa la Maravilla de la Gerontología

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