Herencia de la Etnia Negra Panameña


Imagenes: Arriba: La fragante maracuyá- favorita de los niños
Medio: El oloroso culantro
Abajo: Ají panameño


El alborozo contagiante de los niños afuera de la casa alertaba de que pronto sería la hora de comer. Además, recordaba como la cocina Westindian anunciaba, desde mi mocedad, con su especial bálsamo que este foráneo estaba entre la etnia Negra Panameña. Todo el hogar sino el vecindario muy pronto empezaba a llenarse de esa fragancia de la cocina Westindian con sus hierbas aromáticas y la aroma a especias salían flotando por el aire llenando la sala de ese gustoso olor que provenía de la cocina. Pude, apenas, aquietar mis ansias de levantarme e irme directamente a esa cocina a adular y animar a las cocineras.

En mi alegre estupor culinario pude identificar el curry, el culantro muy panameño, el achiote, mezclado con la cebollina, cebolla y los ajíes que piropeaban my hambriento paladar. Las sabrosas fragancias dominaban mientras estuvieron llevadas amigablemente por el aire caliente del atardecer tropical. Comenzó nuestra alegre celebración casi inmediatamente con un aperitivo que llegaba a la mesa en mi presencia. Una a una las jovencitas, quienes eran nietas de Doña Luisa, entraban como meseras adiestradas cargando porciones pequeñas del plato favorito de todo ciudadano del trópico, que son esos ricos patacones o sea plátanos verdes aplastados en frituras ricas. Los trajeron en un gran platón en crujientes montones, todo acompañado de vasos de la rica, sabrosa y clásica limonada ya servida en vasos.

Luego de haber servido a los adultos y los niños que habían permanecido afuera de la casa, sirvieron un espectacular despliegue de coloridos arreglos de frutas tropicales. Para este que estuvo placenteramente gozando de todo que habían confeccionado las hábiles cocineras no era solamente agradable a la vista sino que me invitaba a gratos recuerdos de mi infancia y de lo bello y naturalmente artístico que podían ser los despliegues de las frutas tropicales.

Tanto la piña, cuya cabezota de verdor oscuro que parecía ser coronas, como la maracuyá, el guineo y la papaya, decoraban el centro de esa gran mesa. Mientras estuvimos entretenidos conversando y los jóvenes y niños jugaban, las industriosas damiselas se esmeraban en cortar, rebanar y decorar con suma paciencia toda esa fruta que arreglaban diestramente ante nuestra vista. Inmediatamente me encontré atraído por los arreglos finales y las combinaciones de colores.

Los incomparables amarillos y maduros bananas alegraban a la perfección la cama de hielo picado en que ponían los embellecidos pedazos de papaya. El rosado albaricoque de la papaya arrimado al amarillo de la sabrosas tajadas de piña y el rojo y negro de las pepitas de sandia acababan de agradar la vista. De hecho, las niñas no acababan de arreglar una gran porción de esas vistosas frutas cuando los comensales ya habían terminado de comer en otra parte de los arreglos, sobre todo, el plato lleno de maracuyá, el favorito de los niños.

También veíamos entrar a las damiselas con naranjas peladas y desprendidas en pedazos individuales, así como otras tajadas de melones que hacían que sus destellos verdes y rojos contrastaran con ese negro de sus pepitas, todo para darnos a nosotros, los repatriados, una refrescante bienvenida.

Esta historia continuará.

2 responses to “Herencia de la Etnia Negra Panameña

  1. Es super interesante conocer ecerca de ustedes que buena historia

  2. Thank you very much for this article! This information was very usefull for me=)

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