Preparando Una Fiesta de Cumpleaños Inusual

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Serían las 12 p.m. cuando concluimos con tantas presentaciones aquel día en que conocimos a toda la familia y hasta los vecinos. Luego pudimos estar más relajados para conversar sobre el tema de la vejez y el envejecimiento con nuestra locuaz anfitriona y reina, Luisa. Entonces fue que yo introduje el tema. “¿Sabía usted que somos profesionales graduados en eso de cómo envejecen las personas? Al igual que yo, mi esposa tiene grado de Magister o Maestría en eso de cómo las gentes envejecen. También ambos hemos laborado en lugares que sirven a los de la tercera edad o, como los llaman allá ciudadanos de edad, Señor Citizens,” le dije. “En verdad,” le sugerí, además, “no le recomiendo que le siga revelando a las gentes su edad real porque nadie se lo va a creer.”

Por primera vez Doña Luisa había permanecido callada escuchando lo que estuve alegando. Fue entonces que se me ocurrió sugerir que honráramos el momento celebrando unos cumpleaños que habían pasado. “Miss Luisa, me ocurre la idea de celebrar su cumpleaño, y, de una vez honraríamos el hecho de haberla conocido a Usted. Además, Usted es la única persona que conocemos en esta parte de Panamá.”

No había terminado de completar la oración cuando Doña Luisa me dice, “¡Muy bien! Entonces, ustedes están mas que bienvenidos…cuando quieran llegar, a cualquiera hora.” Los había dicho con tanta sinceridad que notamos que las pocas líneas de arrugas que rodeaban sus párpados se hicieron desaparecer dejando sus grandes ojos color café despejados y mas claros que jamás había visto.

Luego le digo a mi esposa, “Mira, amor mío, ¿porque no nos vamos de compras? Tu sabes, hacemos mercado para cosas que harán una gran fiesta.” Lo había dicho yo tan repentinamente que Miss Luisa se había quedado sorprendida mirándonos con esos ojos que parecían siempre hablar antes de que ella abriera la boca. Entonces, le dije a ella, “Miss Luisa, ¿porque no viene Usted con nosotros? Así puede escoger las cosas que a usted le gustaría comer en su fiesta.” Con esa invitación y en esa misma hora había hecho de Miss Luisa la huésped de honor en la fiesta que estuvimos planeando.

Al parecer, aquella fiesta que yo había confeccionado en unos momentos fue mas de lo que Miss Luisa había podido imaginarse, y no parecía estar del todo convencida de que yo tan solo quería tener el privilegio de compartir con ellos ese momento de verla a ella rebasar los noventa y cuatro años de edad mas conservada de lo que habíamos antes visto en persona alguna hasta ese momento. Con los preparativos, sin embargo, Miss Luisa parecía estar más convencida y se mostró aplacada. Nos era realmente obvio que Doña Luisa no estaba acostumbrada a que hiciesen tanta alharaca alrededor de su persona, pero se dejó llevar por el momento. Así fue que estuvimos de acuerdo mientras todos montamos en mi auto Sedan de la marca Dodge, para ese viaje que, a la vez, nos mostraría en donde se compraban los insumos para la casa.

El viaje fue corto al llegar a lo que era un pequeño mercado al aire libre en ese distrito cercano de Río Abajo.

Esta historia continúa.

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