Petición por Duelo Familiar Denegada

Imagen: La Serranía de Coclé

Durante este momento clave en nuestra historia las diferentes comunidades indígenas de la serranía de Coclé una vez más penetraban en los escondites secretos y muy antiguos que estaban metidos en los más remotos rincones de la región. Astutamente buscaban estas viejas y acostumbradas guaridas para prevenirse de las esperadas matanzas.

Por años Los Santos de su tribu les habían enseñado que de allá, de estas madrigueras en la matriz de su sagrada Madre Tierra, ellos habían evolucionado y que su Madre les daría siempre el necesario asilo de buen puerto. Entre tanto, habían dejado a los entristecidos deudos del difunto General Victoriano Lorenzo, esperando por respuestas en una ciudad hostil después del asesinato del ilustre líder.

La comandancia de ese acantonado ejército Colombiano en Panamá se había vuelto escena de una verdadera odisea para los deudos y familiares entristecidos del difunto. Ya habían pasado muchos días luego de hacer aquellas peticiones por los restos que habían hecho la viuda y miembros cercanos del fallido General Victoriano Lorenzo. La familia esperaba y esperaba pacientemente.

Luego de largas horas de espera volvían a, respetuosamente, solicitar que la armada les entregara los restos de su querido pariente para ofrecerle Cristiana sepultura. Sin embargo, los oficiales de bajo rango informaban, respetuosamente, que se les había negado esas peticiones. Todo el día, día tras día, se pasaban de un oficial a otro haciendo las mismas y urgentes peticiones, para nuevamente ser dirigidos a otro despacho en que sus peticiones se les serían negadas.

Las horas y los días pasaron hasta que el grupo de humildes indígenas llegaron al punto de desesperación. Finalmente, les llega una palabra alentadora. Tenían más de un mes de estar guardando vigilia en las oficinas de los cuarteles y comandancias, pensando y arguyendo que ellos tenían el derecho a los restos de su querido pariente para darle el requerido sepulcro de cristiandad. Sin embargo, la respuesta sería la misma cruel denegacion que, además, insultaba su raza y su proceder.

La armada, de hecho, había rechazado sus querellas y no daba razón alguna por su decisión de denegar su justa petición. Los miembros de la familia de indígenas estuvieron desconcertados pero no sorprendidos por la actitud de esos militares a quienes antes habían tratado en sus tierras de Coclé. La familia del general ejecutado entonces decide permanecer en esa Ciudad de Panamá. Aunque desolados por los trágicos e injustos acontecimientos estaban lejos de rendirse.

Decidieron tomar la ruta de apelación y, silenciosa y estóicamente, recurrieron a otras entidades civiles, quienes ellos creían tener el poder de influenciar a los militares. Pese a sus esfuerzos, todas sus solicitudes llegarían a ser confrontada con la misma fría actitud y con la misma respuesta, “No hay nada que podamos hacer. Lamentablemente, no hay nada que podamos hacer.” Conjuntamente, todas las actas del juicio y la ejecución habían extrañamente desaparecido.

Esta historia continúa.

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