El Temor y La desconfianza se Riega por el País

Las imagenes son de la gente Ngobe que viven en Panamá en la actualidad.
Gracias a www.nativeplanet.org

Allá había permanecido el capitulo final de lo que había sido esa Guerra De los Mil Días, ese quinceavo día del mes de Mayo, de ese año venerable de 1903. En un torturado y acribillado cadáver quedaría amontonado el espíritu de un patriarcal ciudadano panameño. Habían creído acabar al fin con el espíritu de un hijo predilecto y héroe de la liberación. El ocaso encontraría fantasmas de la vergüenza y la decrepitud siguiendo a una madre patria desconsolada.

La Patria, esa nacionalidad, estaba de luto, duelo que llevaría en silencio detrás de todas las puertas y ventanas de una ciudad manchada con la sangre de inconsolables patriotas. La memoria del caudillo inquietaría tanto que causaría resurgir el espíritu del temor, la desconfianza vagaría por una ciudad y se regaría por todo un país en busca de otros entre sus hijos que vengarían tal atropello. Mientras tanto sus hijos quienes conocían el vientre de la madre tierra que los vio nacer se encubrían entre los ramales de los encantadores bosques, cobijados por sus tempestuosas montañas. Era vida que los había salvado y mantenido unidos como nómadas. Se unirían los nativos Ngobes a sus hermanos negros quienes tampoco salían en masas a dar bienvenida a esos extraños hombres y habían pasado mas de tres siglos y nuevamente la madre tierra los cobijaba. .

Ese acto hecho era traición a todo lo sagrado y era deslealtad de lo mas abominable; deslealtad que para una lógica aunque de maniático militar, seria de algún beneficio genuino. Aunque en verdad en América Latina había ocurrido igual suerte a otros generales, genuinos comandantes de grandes ejércitos de sus madres patrias, Panamá como país no escaparía de esas abominables estratagemas. La ironía del drama Panameño fue que ese sacrificado indígena Victoriano Lorenzo había, de un manojo de indisciplinados, hecho un ejército disciplinado, que había llegado a derrotar unas de las armadas elites de Ejercito Colombiano, una y otra vez. Manteniéndolos en retirada hasta que habían dejado una escena de jubilo y fiesta en Panamá.

Entre tanto lo habían vilmente sacrificado y la poderosa elite entreguista entre los militares estuvieron celebrando lo que ellos llamaban un Pacto de Paz a bordo de la nave de Guerra de la Marina de los Estados Unidos de América, a bordo de esa Wisconsin se había logrado la eliminación de uno de sus mas acerbos y poderosos obstáculos a una alianza de grandes ganancias. Era alianza provechosa que hacían entre ellos y con el coloso Norteamericano.

El difunto general había desaparecido y su armada en esas horas estuvo nuevamente escondida, exilada de todas actividades en su mismo país y aquello no sería sorpresa para ninguno de los historiadores contemporáneos.

Esta historia continúa
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