Victoriano Lorenzo y El Acuerdo Wisconsin de 1902

La imagen es de la gran buque de guerra El Wisconsin
cortesía de www.wikipedia.com

Se desplazaban cautelosamente los que estaban en Ciudad de Panamá esperando espiar al edil entre las tropas Colombianas. La ciudad, sin embargo, permanecía muy callada y muy quieta mientras se observaban las tropas del gobierno desempeñando sus maniobras en toda la ciudad, algo que hacían regularmente, sin levantar sospechas en esos momentos.

El ferrocarril de Panamá parecía estar haciendo sus rutinarios viajes de ida y vuelta solo que últimamente se observaban mas viajes acarreando tropas gringas que estaban de “visita,” la mayoría siendo marinos de un barco de guerra que se había anclado en la bahía de Panamá. Los americanos, todos de su reglamentario uniforme blanco, llenaban las calles. Sin embargo, poco se veía de los vendedores ambulantes de periódicos. Ningunos de los diarios locales, aparentemente, estaban publicando noticias durantes esos tiempos, y les parecía a los espías de la inteligencia indígena que predominaba una atmósfera de emergencia “callada” entre esas fuerzas armadas de Colombia que estuvo a cargo de la seguridad en la ciudad.

Además, había entre la muchedumbre otros militares que parecían ser nuevas tropas recién llegados a la ciudad que abarrotaban las calles tanto como las tropas gringas. De hecho, llenaban las calles de las dos ciudades terminales, Panamá y Colón. La fecha era el 27 de Noviembre de 1902, una fecha fatídica para Panamá ya que esa ciudad istmeña serviría de escenario para una gran ceremonia en que se firmaría un acuerdo de paz a bordo de la gran nave de guerra la USS Wisconsin.

El ponderoso buque de guerra estaba anclado en la bahía de Panamá y la atmósfera era de júbilo y de victoria. Ambos bandos que habían escenificado la más grande matanza que había sido testigo tierra panameña estuvieron, nuevamente, demostrando esa cordialidad militar como entre parientes de la misma logia. Engalanados en sus flamantes uniformes se saludaban efusivamente, un hecho que sería testigo de una ocasión muy importante para ellos.

El Wisconsin también estuvo engalanado en toda su magnificencia desplegando sus potentes cañones para la admiración de todos presentes. Las banderas de la marina de guerra de Estados Unidos engalanaban el buque más magnífico y poderoso que haya visto cualquier panameño. Para la juventud entre los muchos admiradores en la costa, era un gran y esplendoroso espectáculo.

El panorama se tornaba aun mas vislumbrante al ver los marinos alineados formalmente vistiendo sus bellos uniformes blancos contra el cielo azul y el sol candente de la mañana. Ellos, en su turno, recibían a los visitantes militares de la armada Colombiana trajeados en sus mejores y más finos uniformes de gala. Los oficiales habían dejado a un contingente de tropas por los alrededores del muelle mientras ellos abordaban las lanchas rápidas que los llevarían al gran Wisconsin para la ceremonia que tendría lugar abordo.

Todo el día estuvieron los oficiales de alta jerarquía en el buque de guerra Wisconsin
dejando a esas tropas en un casi permanente estado de atención todo el día. Mientras tanto el público admiraba el despliegue militar hasta la llegada de las cinco de la tarde, la hora de la acostumbrada descarga de los cañones del gran buque guerrero que, como gigantescos petardos, hicieron descarga para la diversión de todos los admiradores.

Sin embargo, el gran estruendo de los cañones significaría que todo había ido muy bien. Todas las partes involucradas en este asunto de guerra habían firmado el Acuerdo Wisconsin de Paz, acuerdo que significaba un pacto entre las elites civiles y los militares. En cambio, para ese que habían denominado el “Indígena rebelde” que, poco antes, habían hecho General, sería un acuerdo que le daría sentencia de muerte.

A la mañana siguiente, el 28 de Noviembre el General Lorenzo fue presentado con el aviso oficial de que se le haría juicio por Junta Militar. En esencia los cargos consistían de sus propias declaraciones informando de sus deseos de nuevamente irse a las armas para defender ese “regalo de su patria” que se firmaría a bordo del USS Wisconsin.

Al mismo tiempo que se desarrollaban los eventos de esa tarde ese 28 de Noviembre, encontraríamos un grupo enorme de gentes también extranjeros que se desplazaban libremente entre los marinos Americanos que se paseaban por las dos manos de las calles centrales de la ciudad. Bastante contrastantes en apariencia, tanto los negros Westindian como los Sailors Americanos de raza blanca disfrutaban de sus temporales libertades, el uno de descanso y el otro de puerto. Se parrandeaban como llegaría ser usual verlos a todos los habitantes de las ciudades en las riberas de los océanos, apoderándose de las únicas aceras disponibles para ese fin de estar caminando largos trechos en la ciudad de Panamá.

Aunque los gringos se desempeñaban en sus funciones militares, los negros, en cambio, estuvieron desempleados. Sus últimos empleos como asalariados habían sido durante la construcción del ferrocarril y algunos habían laborado en las excavaciones con la compañía Francesa durante esa singular época de excavaciones. Esperanzados de ver mejores tiempos, en esa hora serían una gran fuerza laboral en potencia para los futuros trabajos canaleros.

Durante este mismo espacio histórico otro grupo de trabajadores estuvieron laborando en Chiriqui y Bocas del Toro en las Bananeras de la Chiriqui Land Company. Ellos, los de las bananeras, escuchaban los mismos rumores de un futuro proyecto de gran envergadura que iba a ser la construcción que terminaría el nuevo canal. Se decía que los americanos del norte iban a estar requiriendo muchos trabajadores y ellos los que estuvieron en panamá querían estar disponibles para ser unos de los primeros en ser empleados. Habían ellos antes trabajado en los trabajos más rudos por los Americanos quienes eran los dueños del ferrocarril.

Eran momentos en que se habían detenido para estar curioseando y esperando que pasaran los trenes que estuvieron corriendo. Pensando que eran trenes en que no habían después de todo podido comprar un boleto de primera clase. El tren seguía su rumbo como gigantesco animal de hierro que detenía todo el tráfico mientras se adueñaba de toda la ciudad. Hasta los caballos de las carretas que esperaban a acarrear a los turistas se espantaban y los manejaban lentamente sus dueños mientras la noche caía sobre un taciturno Panamá para los moradores locales.
Esta historia continuará
.

One response to “Victoriano Lorenzo y El Acuerdo Wisconsin de 1902

  1. Anonymous

    commentary way the history of Victoriano Lorenzo is short and way they not speech about he.May be he was a popular lieder.Way the Panamanian not narrative it.the rail truth.