Ansiosos Esperaban Ordenes de su General

Las tropas de la guerra de los 1000 días en Colombia (1899-1902). Imagen gracias a wikipedia.org

Aunque la Guerra Civil de los Mil Días había terminado, la otra lucha interna había empezado casi silenciosamente. Esa confrontación que a su base tenía la manumisión de los esclavos en tierras que comprendían la Nueva Granada había dejado viejas rencillas. La denegación de propiedad servil les era sumamente difícil a la facciones elitistas en Panamá, por lo que, mas fácil era concertar el “orden clasista,” y vengar, de esa forma, las derrotas a manos de los todavía rebeldes indígenas en el interior del país aun llamado Departamento de Panamá.

Luego, lo que iba a conocerse como las Provincias Centrales de la nueva república por idearse, quedaría por mas de un siglo en las mismas condiciones, un infierno de pobreza y de silenciosa esclavitud para las gentes indígenas ya que el área continuaría siendo el lugar de acantonamiento de las tropas del gobierno centralista Colombiano. Esa misma armada de uniformados de que poco se hablaría en la historia republicana de Panamá, de inmediato aceleraría sus patrullas de control en toda el área.

Dejando una estela de terror, esos uniformados en caballería violentaban la campiña en sus patrullajes, quemando y destruyendo las humildes viviendas de los indígenas. Como lo hacían entre el área de Panamá y la costa atlántica desde los tiempos de Portobelo hacían sus retenes rutinariamente.

Además de la presencia de tropas Colombianas la carretera de hierro entre Panamá y la costa atlántica estuvo controlada en su totalidad por el American Railroad Company y su cuerpo de seguridad que imponía las reglas en un Panamá que había sido poco a poco legado a las compañías transnacionales de Estadosunidos.

Conjuntamente a las imposiciones a los ciudadanos del pueblo panameño, las Iglesias Católicas, en el área de sus bautismales, había compilado el archivo mas extenso y veraz de la población “invisible” de los pueblos y las parroquias. Irónicamente, estos “padrones” bautismales se volverían, de pronto, fuentes muy importantes para la diligencia de las Armadas Colombianas. La armada en primera instancia usaba esos archivos para el reclutamiento de nuevos adherentes.

Además, los padrones eran vitales para muchos jóvenes que apenas salían de la esclavitud y que las fuerzas armadas les presentaba un nuevo enfoque dentro de las clases elitistas del país ya que ser soldado les daría mas valor a su casta si el joven negro, mulato o mestizo pudiera probar que estaba protegido por la iglesia. Su única forma de verificar su protección o cambio de nombre y apellido, en muchos casos, era por la vía de su acta de bautismo, la constancia que daba fe de que tal persona estuvo protegido por Padrinos, gentes conocidas de buena reputación y que usualmente eran o ganaderos o tenedoras de grandes globos de terrenos.

En esos momentos de la encarcelación y enjuiciamiento del General Victoriano Lorenzo las gentes de la comunidad indígena de Coclé y los alrededores de Penonomé serían los mas buscados. Por su reputación como feroces combatientes y su alianza con el malogrado General Indígena eran diligentemente buscados por las fuerzas guardianas y policiales. Los captores de Lorenzo estaban bajo estrictas ordenes de mantener al General Indígena en total aislamiento y permanecerían en estado de alerta desde la ciudad capital por mas de dos meses.

Ya que Victoriano Lorenzo había permanecido incomunicado con sus gentes, sus tropas montañeras que provenían de las partes mas inaccesibles tenían que depender de la rumorea que se pasaban de boca en boca. Se mandaban mensajeros desde los pueblos mas cerca de Panamá como lo era el Arraiján, la Chorrera, Capira, y todos pueblos cerca de la ciudad de Panamá, en que tenían sus colaboradores, tropas escondidas y disfrazadas de moradores por todo lo que es esa región del oeste lejano de Panamá.

Las gentes del General Lorenzo estaban dispuestas a atacar la ciudad de Panamá pero, como colaboradores, decidieron esperar por instrucciones directas de su guía y jefe sin saber que él estuvo encarcelado. Sediciosos y listos estuvieron las tropas de Lorenzo esperando ese llamado para llegar en acción a tomar la ciudad de Panamá y toda la república si fuese posible. Entre tanto ese llamado no les llegaría por parte de su adorado comandante, General Victoriano Lorenzo. Esta historia continuará.

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