El Vil Estruendo de la Envidia

Imagen: Podemos apreciar la ubicación de Penonomé en la Provincia de Coclé
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Es así que nos llegaría la historia de esas personas Indígenas, historia que estaba muy ocultada, y que nos llegaría en trozos y de relatos inconclusos. Como hemos notado los Cholos del área de Coclé y Veraguas era una raza mixta de nuestras gentes que eran indígena con “desconocidas personas. “(Arias, La Prensa, 2004).

De hecho, los estudiosos panameños han hecho estudios recientes sobre esas personas tratando de realmente encontrar sus raíces y el por qué de su hondo celo por la libertad. Además que para nosotros los estudiosos no nos han dado indicios de cómo adquirieron esa mansedumbre aunada a su honda integridad. Entre tanto este escritor reconoce los indicios de la divinidad y el amor por la libertad de Espíritu en ese a quien honramos.

Entonces, nos encontraríamos con un Victoriano Lorenzo quien a los 18 años de edad en el año de 1885 fue uno de los que parecen, por sus hazañas, haber heredado un especial don de gente. Fue uno entre muy pocos que nació para servir a su comunidad indígena, uno quien era divinamente preparado para esa misión que en vida cumpliría; aquel a quien la providencia le delegaría la protección de esa jurisdicción.

Al cumplir los catorce años de edad Victoriano iba a, inteligentemente, adherirse a un sacerdote de la parroquia de un pueblecito llamado Capira. Había en esos días que irse a tempranas horas de la madrugada para llegar al lejano Capira. Habría uno que remontarse a la historia de esos tiempos para apreciar la inteligencia y el hondo entendimiento de ese muchacho. Iba el menor a estar viajando por regiones de junglas boscosas y de cruzar montes por que carreteras no habían en esos tiempos en que viajaba aproximadamente 150 millas a pie. En realidad era mas para ese joven estar en la pequeña capilla de una nueva parroquia con un sacerdote quien no conocía todavía la región.

Entre tanto, se iba a conocer la perspicacia del jovencito Indígena quien fungía de acólito, cocinero y criado del cura. La pequeña sacristía se iluminaba al estar ambos en sus rondas de aprendizaje. La alfabetización de Victoriano Lorenzo se iba a concretar, como estar cumpliendo esa misión divina por la cual había llegado a este mundo ese divinal héroe de nuestra historia patria. El joven, por supuesto, había aceptado el cargo de monaguillo para aprender los rudimentos de la escritura y la lectura del idioma español. Había de aprender durantes los meses que estuvo de monaguillo a leer y a escribir, y eran entre los tiempos en que no estuvo atendiendo las misas ni la cocina curial.

Sin tener un caballo a su disposición, la distancia entre el pueblecillo de Capira y la zona de riscos a la falda de las montañas de Coclé, para el chico se convertían en largas caminatas. Semana tras semana el joven se la pasaba en Capira y luego la soledad y la falta de sus familiares les hacían emprender ese viaje a los cerros de Coclé.

Luego de terminar su oficio de acólito en Capira el joven demostraría su proeza intelectual entre sus gentes. El año de 1889 cuando Victoriano fuera nombrado Regidor, se encontraría, sin embargo, con el vil estruendo de la envidia, un encuentro que le causaría que surgiera esa rivalidad que estuvo soportando sus gentes desde los tiempos de la colonia.

Resultaría que uno de los de la clase mestiza, un concejal de su ciudad nativa de Penonomé, llegaría a insultarlo y además atacarlo vilmente a machetazos. De esperarse, era que el nombramiento a Regidor le iba a hacer un líder comunitario. Entre tanto, ese joven adalid estaría frente a un hombre armado de ira, resentido e indignado de que un indígena pudiese llegar a creerse igual. Era ese llamado Pedro De Hoyos, con quien Victoriano Lorenzo compartía un despacho de oficinas.
Esta Historia continuará.

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