Negros, Indios, y Arrabales Herederos de Injusticia


Desde la época de las luchas por independencia el General Simón Bolívar había dejado un precedente con la ejecución de uno de sus mas enérgicos admiradores que ere el General Manuel Carlos Piar. En ese tiempo de decepciones y traiciones en que el pueblo del Arrabal sufriría por más de un siglo los embates de las exclusiones y de la corrupción administrativa en los asuntos del estado, ese precedente tendría nefastas repercusiones.

Mientras tanto, nuestros ancestros Westindian, como emigrantes, se disponían a trabajar de sol a sol y continuarían sufriendo las humillaciones de esos cristianos norteños, que pareciera ser paga por atreverse a ser buenos obreros, empleados y sirvientes. Así como laboraban como ningún otro grupo, sufrirían exclusión en casi todo aspecto político y social junto con las gentes de los barrios bajos que se expandían por los alrededores de las ciudades en un país creciente.

Permanecerían casi perdidos, esos ciudadanos de color de piel oscura que no compaginaba con los de las elites poderosas, aunque sus números incrementaban. Entre tanto, mientras ellos sufrían esos descaros de sus viejos jefes norteamericanos, le darían tiempo a toda una nación panameña y a los de su raza indiana escondida en los montes, junglas y bosques selváticos, hasta que los tiempos fueran propicios para llegar a unirse a reclamar a gritos por su patria.

Nuestros abuelos marcarían, con su piel negra, su sangre y su sudor, una mancha grandísima sobre la faz del Istmo de Panamá. Los negros Westindian en Panamá convertirían las horas de llegada y regreso a la tierra panameña desde lo que llegaría a volverse la Zona Canalera, en horas henchidas de actividad, avivando las principales avenidas, calles y casones que se hicieron populares en esos tiempos.

De pronto, con la llegada de estos Señores de las Antillas, pareció haber surgido de la nada las ciudades de Panamá y Colon que parecían estar de luto por esas muertes que todavía laceraban a las entrañas de su tierra Panamá. Cada explosión en las construcciones parecía lastimar a esa madre divinal que es la patria, ese terruño en que sus hijos predilectos llegarían a yacer sin reconocimiento alguno por sus buenas obras.

El tiempo y la suerte, sin embargo, cambiaban para los de las minorías selectas comprometidas con el pacto infernal y, como para olvidar que antes no trabajaban se volvían mercaderes. Esos quienes fueran los nobles en la esclavitud, en esa hora hacían arreglos con los extranjeros a las escondidas para ennoblecer la esclavitud y al mismo tiempo tener mas y mas dinero.

Era una etapa nueva para un país nuevo; una época nueva que haría de Panamá un país moderno sin costarle un real de los dineros que sacaban los nuevos mercaderes del auge económico. Pero, el gran costo lo pagarían los negros nuevamente, los negros que habían obrado desde un poco antes de que llegaran los franceses. Entre las cuantiosas muertes entre esos obreros no llegaría nadie a velarlos ni a llorarlos, y eso, en parte era el costo de la migración. Donde antes habían montañas, ahora llegaban los fuertes Señores Antillanos cavando, sin parar.

Mientras las ciudades de Panamá y Colón florecían a sus alrededores, ellos se aproximaban cada día mas al fondo de la matriz de la tierra en la enorme zanja que algún día sería el canal. Desconociendo la magnitud de su trabajo introducían la modernidad a un mundo en que esa misma Panamá quedaría rezagada de no ser por su labor.

Por el momento, sin embargo, nos mantendremos enfocados en esa historia de esos humildes negros en que esa importante obra histórica se apoyaba como para llegar a tener un fondo. Los Westindians fueron los primeros que habían llegado primero a estos lugares en busca de trabajo, y, como hemos demostrado, los obreros favoritos, tanto hombres como mujeres, de los gringos. Eran los más arriesgados que llegarían a trabajar con otros panameños en todos los ámbitos de esas construcciones. Pero, habrían otros entre ellos que, conociendo los tiempos, seguirían otros senderos para participar con el alma y sus vidas mismas en esa lucha por la libertad contra los esclavistas.

Como hemos ya de ser testigos, esos siglos XVIII y XIX habían marcado tiempos muy tumultuosos para los ejércitos de linajes criollos de las Américas. Y fueron tiempos en que mantuvieron los ejércitos de la corona Española en retroceso bajo fuego.
Esta historia continuará.

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